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The Spanish American Reader

by Ernesto Nelson

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V El Ideal Americano (to the Vocabulary Section)

1 — Ambas Américas (to the Vocabulary Section)

Cuando se echó sobre el torrentoso y ancho Niágara el puente colgante1 que es hoy asombro de los ingenieros, la gran dificultad estaba sólo en pasar una maroma de la una a la otra orilla. Después de ensayados todos los medios, cohetes, globos, balas, etc., logróse pasar al fin un hilo. El puente estaba con esto echado. El hilo llevó una cuerda, la cuerda un cable, el cable una cadena. Así intentamos ahora echar un hilo sobre el ancho abismo que separa a ambas Américas, y si una mano solícita del bien2 recoge y fija allá el otro cabo, habremos comenzado a construir el robusto cable que debe unir la actividad intelectual de ambos continentes. Establecida la comunicación, nuestros mensajes irán adquiriendo mayores dimensiones y variedad, y llegaremos a tener, como los Estados Unidos, órganos que satisfagan a todas las necesidades de la vida intelectual y material, tal como nos la imponen3 los progresos modernos. Seguiríales entonces, como un desenvolvimiento necesario, la trasmisión, por los libros que esos conocimientos encierran, traduciéndolos al castellano, de las ideas que forman hoy, por decirlo así, el caudal común de la humanidad, y que no por todas partes penetran en la América del Sur, por falta de caminos y agencias adecuadas.

—Domingo F. Sarmiento (Argentino)

2 — Nuestra América (to the Vocabulary Section)

Rivadavia, el de la1 corbata siempre blanca, dijo que estos países se salvarían: y estos países se han salvado. No se ha arado en la mar.2 También nuestra América levanta palacios, y congrega el sobrante útil del universo oprimido; también doma la selva, y le lleva el libro y el periódico, el municipio y el ferrocarril; también nuestra América, con el sol en la frente, surge sobre los desiertos coronada de ciudades. Y al reaparecer en esta crisis de elaboración de nuestros pueblos los elementos que lo constituyeron, el criollo independiente es el que domina y se asegura, no el indio de espuela,3 marcado de la fusta,4 que sujeta el estribo, y le pone adentro el pie, para que se vea más alto5 a su señor.

Pero por eso vivimos aquí, orgullosos de nuestra América, para servirla y honrarla. No vivimos, no,6 como siervos futuros ni como aldeanos deslumbrados, sino con la determinación y la capacidad de contribuir a que se la estime por sus méritos, y se la respete por sus sacrificios: porque las mismas guerras que de pura ignorancia7 le echan en cara8 los que no la conocen, son el timbre de honor9 de nuestros pueblos, que no han vacilado en acelerar con el abono de su sangre el camino del progreso, y pueden ostentar en la frente sus guerras como una corona.

—José Martí (Cubano)

Chapter Footnotes:

3 — América (to the Vocabulary Section)

Cuando se estudian de cerca1 y sin pasión pueril los hechos, se reconoce que no hay razón, que no hay justicia alguna en exigir de los Americanos del Sur lo que no han podido conseguir en igual tiempo sus propios padres,2 en ninguno de los pueblos meridionales de la misma Europa.

Los americanos del Sur no pueden haber adquirido en menos tiempo, mejores costumbres que sus maestros. Ellos han resuelto en principio todas las dificultades sociales y políticas de nuestro tiempo, y sus gobiernos están basados en las máximas de la verdad y la justicia: les falta práctica, y ésta se adquiere en el ejercicio de la libertad. Las ambiciones turbulentas que agitan de tiempo en tiempo a estos hombres, no son eternas: ellas pasarán en la América del Sur como pasarán en Francia, como pasaron hace ya tiempo en Inglaterra. ¿Qué motivo racional hay para que así no sea? Solamente los hombres que permanecen en la servidumbre son los que no llegarán jamás a ser libres.

Entre tanto no son sus trastornos, como suele pintarlos la pasión de los extraños, ininterrumpidos: ha mucho tiempo que, fuera del campo de batalla, no se derrama en esos pueblos sangre alguna por causas políticas: depuestas las armas, los hombres contienen sus resentimientos de partido, y se guardan entre sí las consideraciones de la amistad.3 El trabajo, escaso antes de la revolución por las trabas sin cuento4 que lo agobiaban, se ha desarrollado bajo el amparo de la libertad: lejos de decaer las grandes ciudades, se mejoran y prosperan: los caminos de hierro comienzan, y en algunas repúblicas gozan de importancia.

Sus ríos caudalosos, de origen desconocido y de navegación peligrosa, se exploran en todos sentidos: su suelo fecundo repone con prontitud los males de sus guerrillas pasajeras, y su comercio proporcional a su población, aumenta con rapidez y sin interrupción. Evidentemente, todas sus rentas, bien o mal distribuidas por los Estados, vuelven a la circulación, y el trabajo se sostiene y aumenta.

La América del Sur posee escritores y poetas de primer orden, oradores elocuentes y diplomáticos versados en el derecho de gentes, de una habilidad y de una lucidez incontestables. La deuda de todas las repúblicas juntas no es para imponer miedo a ningún hacendista, y todo el mundo tiene la convicción, tanto en Europa como en América, de que para enjugarla en pocos años, no tanto necesitan los sudamericanos de un largo período de paz completa, como de costumbres morigeradas en todos los ramos de la administración.

La ambición vulgar de mando, los compromisos de una política interior bastarda, y el desorden consiguiente en el manejo y empleo de las rentas son las causas principales del descrédito, exagerado a veces por el interés y por la pasión, que de vez en cuando5 se une al nombre de algunas de estas repúblicas. Su escasa población relativamente a la extensión de sus vastísimas comarcas, y la índole, los hábitos y la poca instrucción en los ramos más útiles del trabajo, que caracterizan a la gran mayoría de sus inmigrantes, agravan un tanto la situación. Mas todos estos inconvenientes carecen de raíces profundas. La gran crisis de la libertad está consumada; las costumbres de la vida pública penetran en el corazón del pueblo, los soldados indomables de la independencia, abrumados por la edad,6 bajan al sepulcro7 o abandonan con las esperanzas de sus ambiciones las riendas del Gobierno.8 Las nuevas generaciones, más ilustradas y menos avezadas a9 la vida de los campamentos, buscarán nuevas soluciones a las dificultades de la política, y asentarán el porvenir de la patria americana en la instrucción de las masas, en la actividad del trabajo, en las luchas viriles e inteligentes de la opinión, asegurando así la paz y la prosperidad interior. Acaso a fines del presente siglo, los hechos infecundos y dramáticos de sus guerras intestinas pertenecerán a la leyenda,10 como los hechos de su gran transformación se inscribirán definitivamente en la historia.

—Román Baldorioty de Castro (Portorriqueño)

Chapter Footnotes:

4 — Augurios (to the Vocabulary Section)

La isla de Cuba, entre las dos Américas, a la boca del1 Golfo Mejicano, siendo el centinela avanzado del archipiélago, punto intermediario del comercio en día no lejano2 en que los pueblos asiáticos y los pueblos americanos y europeos se comuniquen por caminos más breves con sus muchos y bellos puertos, sus innumerables riachuelos, sus campos cubiertos de verdor perenne, sus privilegiados frutos, sus feraces terrenos, su cielo encantador, su benigno clima; no se detendrá sin duda en la marcha que ha emprendido. Mil y mil leguas de ferrocarriles se entretejerán de punta a punta de la isla; las ruedas de los barcos de vapor surcarán día y noche las aguas espumosas del mar, muchos ríos se canalizarán; los terrenos pantanosos se desecarán y sobre ellos crecerán lozanas plantas; no habrá espacio que no esté sembrado de caña, de café o de tabaco; la población se decuplará; al lado de cada puerto se levantará una ciudad elegantemente delineada y construida; se abrirán, donde ahora hay caminos intransitables, largas y bellas calzadas; se echarán sobre los ríos muchedumbre de soberbios puentes; se introducirán todos los días máquinas e instrumentos para sacar de la tierra los frutos que atesora; se mejorarán las razas de todos los animales útiles; las siembras mismas se harán con aquel orden y aquella simetría que son un indicio claro de los adelantos de los pueblos; las groseras chozas de nuestros labradores se convertirán en graciosas habitaciones rodeadas de árboles y de flores; todos los artículos se abaratarán y se pondrán al alcance aun de las clases más pobres. El viajero que descienda a las playas cubanas y visite las poblaciones y las campiñas, así como el que hoy, después de treinta años de ausencia, se admira de cómo camina esta tierra privilegiada, envidiará no haber nacido bajo sus ceibas y sus palmas. Dirá en su patria cuán feliz vive el hombre aquí, y millares de familias cansadas de trabajar en tierras ingratas ya, y ansiosas de paz y de orden, cruzarán los mares, besarán el suelo hospitalario que las recibe con los brazos abiertos, descuajarán unas pocas yugadas de terreno, fabricarán su albergue, arrojarán los granos en los surcos, y, en breve, nunca más les faltará el alimento.

—A. Suárez y Romero (Cubano)

Chapter Footnotes:

5 — El Porvenir de América (to the Vocabulary Section)

Abierta por la emancipación la clausura de tres siglos,1 la América proclama la fraternidad y llama a su seno a todas las naciones. La inmigración, que primero afluyó al norte, hoy se dirige a las orillas del Plata,2 para difundirse luego en el resto del continente.

Ahora bien: una región que en el corto espacio de algunos kilómetros ofrece con frecuencia al viajero que la visita, las temperaturas de todos los climas y todos los accidentes topográficos imaginables; una región tal modifica incesantemente las razas, produciendo infinitos matices, cada uno de los cuales posee aptitudes especiales.

En época no muy remota será, pues, la América morada de hombres de todos los pueblos, que poniendo en la labor común los progresos y aptitudes peculiares de su raza, darán a su civilización un carácter amplio, vario, universal, de que carece la del antiguo mundo.

¿Y no es ya una muestra de ello esa nueva y vigorosa civilización que en el norte se levanta en medio de ciudades que se improvisan por la aglomeración súbita de inmigrantes que hablan todas las lenguas?

Fraternidad de la familia humana, fusión de pueblos, desarrollo amplio, simultáneo a la vez que armónico, de las facultades y aptitudes de todas las razas: he ahí los rasgos principales que caracterizan la civilización americana.

—José María Santibáñez (Boliviano)

Chapter Footnotes:

6 — La Europa en el Nuevo Mundo (To the Vocabulary Section)

Los países de América tienen motivo para ser petulantes y confiados en su futuro.1 El pasado les da derecho a serlo con su enseñanza. Su historia nos demuestra que esos países no han cesado de hacer progresos desde sus primeros establecimientos fundados por los europeos. Ellos han adelantado bajo todos sus sistemas, bajo todos sus gobiernos, con las peores instituciones; como colonias lo mismo que como estados independientes. Luego2 deben su desarrollo natural y espontáneo a una fuerza vital de que están dotados por la naturaleza de sus condiciones de existencia excepcionalmente favorables.

Como su nacimiento y existencia de estados civilizados, deben también su crecimiento y progreso a la acción de la Europa, que los formó en servicio de su propio desarrollo y progreso.

Esa acción vital del viejo mundo en el nuevo, ha obrado sin interrupción antes de ahora por la mano de3 los gobiernos y de los pueblos europeos, y después de abolida la autoridad de los gobiernos europeos en América, por la acción inmediata y directa de la sociedad europea, que no ha sido sino más grande desde que ha sido libre su juego trasatlántico.

—Juan Bautista Alberdi (Argentino)

Chapter Footnotes:

7 — La Influencia Francesa en la América Latina (To the Vocabulary Section)

Si la influencia española fué un punto de partida,1 la influencia francesa fué un punto de contacto donde se encendió el porvenir.

Se puede decir que Francia realizó la conquista de América con sus libros. Los pueblos impacientes de vida, que se alejaban de la vieja España como una bandada de adolescentes de una reunión de abuelas, encontraron en el espíritu cautivante y primaveral de la nación de Enrique IV la expresión de audacia, de la ironía, de la precisión, de la incredulidad y del fuego que los consumía interiormente. Por una coincidencia difícil de explicar, dado el alejamiento y la falta de intercambio, el pensamiento francés traducía casi todos los matices nacientes del alma latinoamericana y se superponía tan exactamente a sus anhelos, que en determinados casos parecía nacido en la región y elaborado por ella. Francia era la libertad política, religiosa, financiera y hasta gramatical; Francia era la vida triunfante, sin prohibiciones ni cortapisas; Francia era el deseo confuso de avanzar, ganando terreno a la noche2 hasta las cimas más altas que podía concebir el espíritu humano. La América del Sur se dió intelectualmente a Francia con la ingenuidad de una virgen, se convirtió en su discípulo respetuoso, la imitó hasta en sus errores y, desde lejos, modestamente, consciente de su pequeñez, ató su destino al de aquella nación portentosa que parecía reunir todas las excelencias y realizar todos los sueños....

Los beneficios de la influencia francesa son visibles en la literatura latinoamericana, pues ésta cobró una flexibilidad, una amplitud, una frescura, un atrevimiento, una independencia y sobre todo una atrayente novedad de estilo que, aún en aquellas épocas en que la producción literaria era insuficiente y elemental, anuncia la concisión, la brevedad, el matiz y la fuerza de hoy.

El buen gusto, el sentido de la oportunidad, la elegancia y la sutileza para descubrir círculos concéntricos interiores son características que sólo ofrece la literatura francesa. Transportadas a nuestros países, renovaron la sangre de la literatura española, diluyeron su pesadez, podaron sus floraciones excesivas y transformaron su aspecto, como una mujer delicada metamorfosea en boudoir propicio a la galantería el frío salón vetusto de un castillo con historia.

—Manuel Ugarte (Argentino)

Chapter Footnotes:

8 — Mosaico de Pueblos (to the Vocabulary Section)

La América latina no es en buenas cuentas una definida familia étnica que en algún momento de su historia pudo haber formado una sola nación. Ante todo, la disposición geográfica del territorio americano que va desde el Río Grande a la Tierra del Fuego, no permite fácilmente la cohesión de muchos millones de hombres en una misma comunidad de ideales sociales, artísticos, religiosos; el hombre es hijo de las condiciones climatéricas en que vive, y a lo largo de1 la América latina hay individuos que se tuestan doce meses al sol, y otros que tiritan de frío, y hay recios escaladores de montañas y míseros palúdicos de los pantanos. Todo lo contrario de lo que ocurre en los Estados Unidos donde el territorio es un trapecio casi llano, extendido de mar a mar, con uniformes condiciones de suelo y aire, apenas contradichas débilmente en el termómetro.

La formación étnica es todavía más complicada, alternando el indio y el español—que es por sí solo2 otro mosaico—en los dos primeros puestos, pero no sin que influyera también en la distribución el negro, presente aquí y allá,3 sobre todo en las Antillas; dándose el caso de4 la congregación de tres razas bien determinadas y nada comunes entre sí, con el resultado natural de inmensas diferencias según domine el español como en Chile, el negro como en Haití, o el indio como en Méjico.

Lo común, pues, no es la raza, como tampoco lo es la religión, ya que encontraríamos en los Estados Unidos más católicos que en siete repúblicas latinas juntas. Es más que nada el idioma, vínculo importantísimo, aunque no definitivo, y es además el tipo de la civilización, casi exclusivamente español y calcado en el modelo del madrileño Ministerio de Ultramar.5 Si es verdad que el indio y el negro han representado numéricamente un gran contingente de fuerza americana, no lo es menos que6 siempre vivieron supeditados al amo, que era el aventurero español, y luego a su hijo, el criollo de sangre europea, que heredaba la civilización superior y con ella el mando. La población blanca de cultura española ha sido, por consiguiente, la que ha impreso a la América el tipo de ideología con que aparece en los tiempos contemporáneos, sin que el negro ni el indio hayan conseguido más trascendencia en las mezclas que añadir algunos estigmas de superstición, pereza o agresividad, a los que ya trajeron con su sangre de presidio los primeros conquistadores. Pero ¿ha persistido de una manera absoluta esa extensa hegemonía del tipo español de civilización sobre los otros estratos inferiores? Esto es lo que se halla hoy en cien brazas de agua7 en el Brasil, también en parte de la América latina, empieza a influir el elemento alemán; la Argentina absorbe día tras día media población de la Italia meridional; Colombia y Venezuela buscan en Francia sus orientaciones intelectuales; Méjico recibe los efluvios salutíferos del utilitarismo yankee. La América es un campo abierto a las más heterogéneas razas y actividades. ¿Quién puede asegurar que al correr de medio siglo8 perdure en estas regiones tropicales y meridionales este exclusivismo de la fisonomía cultural española?

—Jesús Castellanos (Cubano)

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9 — Los Extranjeros en América (to the Vocabulary Section)

Vengan en hora buena aquéllos que penetran al seno de la República por el pórtico siempre abierto del preámbulo constitucional,1 dispuestos a labrar su propio bienestar, contribuyendo al engrandecimiento común al amparo de leyes cuya generosidad sólo podría compararse a la del surco dilecto, que retribuye sin usuras el sudor de las frentes; vengan en hora buena esos inmigrantes sanos y buenos, que incorporan nuevos glóbulos rojos a las arterias de la República y de cada uno de los cuales podría decirse, parafraseando un concepto ajeno, que es como una letra en el gran abecedario del progreso nacional; vengan en hora buena esos extranjeros como Burmeister, como Jacques, como Berg, como Gould, como Groussac, que han ilustrado el pensamiento de varias generaciones argentinas, y cuyo paso por los bufetes de la pública enseñanza nos permite afirmar que la República diluída en la triunfal policromía de un potente organismo joven, es americana por el rígido concepto de su propia autonomía; española por su tradición y por su lengua; alemana por su ejército; inglesa por la pujanza de sus grandes capitales; francesa por sus tendencias literarias e italiana por el hondo y permanente amor a las cosas altas y las cosas bellas. ¡Vengan enhorabuena esos extranjeros, cuyos apellidos nos han servido para bautizar todos los accidentes geográficos de la costa patagónica2... y vengan, por último, esos otros cuyas figuras, esculpidas en el bronce o en el mármol, cubren pedazos del caro suelo nativo! Pero esos otros, lívidos, sobre cuya ignorancia ha echado raíces la noción indeterminada y confusa de un superlirismo feroz, esos otros, mala hora aquélla en que rumbean a esta playa, y bien venida la ley3 que los repudia a nombre de un derecho al bienestar que, si puede ser invocado por ellos, con mil veces más razón ha de poder invocarlo un pueblo entero.

—Belisario Roldán (Argentino)

Chapter Footnotes:

10 — El Cántaro de la Doncella (to the Vocabulary Section)

Debemos formular claramente al país lo que ha de ser en esta América de las esperanzas humanas. La unidad de tierra y de raza; la predestinación que comporta, al abrirle, la expansiva facilidad de los vientos marinos, agentes de toda civilización feliz, su situación interoceánica; la riqueza colosal, la ausencia de prejuicios, la democracia y la hospitalidad, señalan a esta América como uno de los futuros imperios universales a cuya formación parece tender la especie. Nuestro país debe ser en ella el justo y el civilizador. Si hay un destino humano que realizar aquí, adelantémonos a cargar con su responsabilidad y su peso. Quien tenga el mérito del esfuerzo inicial, tendrá también la recompensa.

La patria hostil de los riesgos permanentes, no es, por fortuna, la nuestra. En esa misma jactancia de producción ganadera y agrícola, de fortuna fácil, de hartura para los hombres del mundo, está patente el deseo de ser útil. Espiritualicémoslo, y ya tenemos formulado su destino.... La justicia es una sed y la civilización una siembra. Asegure el país al continente la justicia de su derecho y de su espada. Tiéndale el vínculo de sus rieles y de sus aguas transeuntes en nudo fraternal, así como el buen labrador forma para toda la familia el haz de espigas. Viva de hacer el bien por su dicha inherente. Vaya ofertando en noble gratuidad, donde sea menester, el cántaro lleno. La luz de su astro heráldico1 le da el concepto de la justicia, a la que aspiran por igual el árbol formidable y la brizna encorvada bajo su gota de rocío.

Así sea el espíritu argentino sobre la América. Así le asegure para mañana el sufragio de los justos sedientos que no en vano acudieron a su cántaro.

—Leopoldo Lugones (Argentino)

Chapter Footnotes:

Notes

1 puente colgante, suspension bridge.

2 una mano solícita del bien, a hand solicitous for the general good; a friendly hand.

3 la vida... tal como nos la imponen los progresos modernos, life... as shaped (as thrust upon us) by modern progress.

1 Rivadavia, el de la..., that is, el [hombre] de la.

2 arado en la mar, applied to any fruitless task or enterprise.

3 el indio de espuela, the oppressed, downtrodden Indian.

4 marcado de la fusta, bearing the marks of the whip. Variant: Marcado por.

5 para que se vea más alto a su señor, so that his master may be seen the greater (even greater).

6 No vivimos, no. Note repetition for the sake of emphasis.

7 que de pura ignorancia, which from pure ignorance (of the circumstances or causes).

8 echan en cara, cast in their teeth; for which they are blamed.

9 timbre de honor, a patent of honor or nobility.

1 de cerca, at first hand.

2 sus propios padres, their own forefathers, ancestors.

3 las consideraciones de la amistad, friendly considerations; friendly relations.

4 trabas sin cuento, innumerable obstacles. Variant: Incontables.

5 de vez en cuando, every once in a while; from time to time.

6 abrumados por la edad, bowed or burdened with years.

7 bajan al sepulcro, go down to the (their) grave.

8 las riendas del Gobierno, the directing of the government; the helm of the “Ship of State.” Variant: El timón del Estado.

9 menos avezadas a, less accustomed to.

10 pertenecerán a la leyenda, will become legendary (rather than historical).

1 a la boca del, at the entrance (mouth).

2 en día no lejano, at no distant day; before long. Variant: Antes de mucho.

1 la clausura (que duró) de tres siglos.

2 orillas del Plata, the shores of the River Plata. Variant: El Río de la Plata.

1 confiados en su futuro, sure of their future; with confidence in their future.

2 Luego, Therefore.

3 por la mano de, through the agency of. Variant: Por conducto de; por intermedio de.

1 punto de partida, the starting point.

2 ganando terreno a la noche..., gaining ground from (or dissipating) the darkness of night (ignorance)....

1 a lo largo de, throughout the length of.

2 que (el español) es por sí solo, who (the Spaniard) is himself. Variant: Que es en sí....

3 aquí y allá, here and there.

4 dándose el caso de, resulting in; the resulting fact being.

5 Ministerio de Ultramar, The Colonial Office. The Ministry or Department in Spain which had charge of the administration of the Spanish colonies.

6 no lo es menos que, it is no less (true) that; it is equally (true) that.

7 en cien brazas de agua, buried a hundred fathoms deep; very deeply rooted. Note the mixed metaphor.

8 al correr de medio siglo, in half a century from now. Variant: Al cabo de medio siglo; cuando vaya corrido medio siglo.

1 A reference to the closing words of the introduction to the Argentine Constitution, which provides that the rights therein sanctioned shall be enjoyed “by ourselves, our posterity and everybody in the world who wishes to live on Argentine soil.”

2 Southern Argentina, although it is made up of five National Territories, is still called Patagonia, in much the same way that a certain group of Eastern States is called New England still.

3 A reference to the law barring undesirable immigrants from the Argentine ports.

1 An allusion to the full-rayed sun in the Argentine flag and coat of arms.

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