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The Spanish American Reader

by Ernesto Nelson

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XXIV Oportunidades Comerciales en la América Latina (To the Vocabulary Section)

—En verdad,—dijo el señor Jiménez—para la actividad comercial norteamericana no hay campo más apropiado que el continente mismo1 en que vivimos.

—Juntamente con la Rusia y la China—agregó mister Smith, banquero yanqui.2

—Pero Rusia está demasiado lejos y las condiciones en que ha quedado después de la guerra no permiten hacer vaticinios fundados,—replicó el señor Jiménez.—En cuanto a la China, tarde o temprano3 caerá bajo la dominación japonesa. En cambio nuestros mercados latinoamericanos están menos expuestos a sufrir trastornos.

—Tal vez tenga Ud. razón,4 después de todo—asintió el banquero;—pues la verdad es que la América latina nos permite hacer dos cosas importantes: Primero, concentrar en ella inversiones de dinero mediante la adquisición de títulos y la colocación de capitales en sus industrias; y segundo, comerciar con ella.

—Importando y exportando,—observó Jiménez.

—Eso es; importaríamos materias primas de que carecemos5 y aún manufacturas que no producimos en la Unión o que conviniera mejor importar, en vez de fabricarlas aquí. En cuanto a nuestras exportaciones, claro está que consistirían en el producto variadísimo de nuestras fábricas.

—Tocamos aquí un tema interesante,—dijo a esta altura del diálogo6 el brasileño, señor Souza.—Tengo para mí que7 la doctrina de Monroe ha de llegar alguna vez a complementarse con una organización comercial, económica y hasta militar, que permita al continente abastecerse a sí mismo, dándole al mismo tiempo los medios necesarios para ampliar y defender sus rutas comerciales.

—Esa es una magnífica idea,—dijo mister Smith.—Pero—agregó con un sí es no es de8 melancolía—difícil será que mi país desaloje a la Europa de los mercados de América. Las viejas naciones se han ejercitado por décadas en un arte que apenas comenzamos9 a ensayar nosotros. Los plazos comerciales que conceden los comerciantes europeos son mucho más largos que los nuestros. Aquí no se ve nunca un papel comercial a 180 días, y mucho menos a un año, desde fecha de factura. El pago al contado o dentro de 30 días impera en este país hasta en el mercado internacional, al punto de que muchas casas en Filipinas, Cuba y Centro y Sud América se ven en la necesidad de mantener depósitos en bancos de este país para atender a sus compras. Es difícil competir, por otra parte, con naciones que tienen sobre nosotros la ventaja de haber arraigado ya en esos países, mediante los capitales que han invertido en multitud de industrias y empresas, las cuales, naturalmente, se proveen en Europa de los materiales, utensilios y maquinaria que necesitan. Las relaciones comerciales sólo adquieren incremento entre dos naciones cuando entrambas mantienen lazos de una interdependencia económica. El pago de servicios, dividendos y cupones sobre los capitales de un país invertidos en los otros, estimula una corriente de mercaderías en los dos sentidos, ya sea como valor de abono o como valor de cobro.

—Todo eso está muy bueno, mister Smith,—replicó el señor Souza;—pero Ud. no ha dejado de observar, sin duda, que a consecuencia de la guerra, gran parte de los títulos de esas mismas empresas han cruzado el océano. Los grandes saldos favorables de la balanza financiera de los Estados Unidos se están satisfaciendo con papeles de industrias10 sud y centro americanas. ¿Quién nos dice que,11 a consecuencia de esta emigración de valores, la Unión no se ha12 convertido, a la vuelta de algunos años,13 en el acreedor principal de los otros países del continente?

—Hace Ud. un raciocinio perfectamente lógico—contestó mister Smith.—Si tal cosa ocurriera,14 es seguro que el intercambio comercial se produciría casi espontáneamente, como consecuencia ineludible.

—Pero hay títulos y títulos,15—observó el señor Jiménez.—Sería conveniente que los norteamericanos invirtieran sus capitales en nuestros ferrocarriles, ante todo16; luego en empréstitos nacionales; en servicios urbanos; en instalaciones hidroeléctricas y en fábricas para la manufactura de artículos para el mercado de los Estados Unidos.

—Muestra Ud. su buen juicio al nombrar en primera línea nuestros ferrocarriles,—dijo el doctor Mendoza, abogado argentino.—Entre nosotros,17 las concesiones ferrocarrileras están garantizadas en cierto modo18 por la nación, pues aquéllas se fundan en contratos mediante los cuales tanto el gobierno como las compañías definen sus derechos y obligaciones: el uno, defendiendo los intereses públicos; las otras en salvaguardia de sus capitales.

—Esa provisión es digna de todo elogio,19—dijo mister Smith—En los Estados Unidos no procedemos así, pues los ferrocarriles se han acogido a las oportunidades ofrecidas por los diferentes estados, pero no se han firmado contratos, y en consecuencia el gobierno no se halla facultado para indagar la situación financiera de los ferrocarriles, salvo en los casos en que los tribunales declaran no existir relación equitativa entre los ingresos procedentes de la explotación de un ferrocarril y el capital invertido.

—Por mi parte,20 preveo un enorme campo de acción para los capitales que hayan de emplearse en instalaciones hidroeléctricas,—dijo el señor Souza.—En la América latina la substitución del vapor por la electricidad21 en la generación de fuerza trae una economía mucho mayor que en los Estados Unidos.

—¿Por qué razón?—preguntó uno de los circunstantes.

—Pues, porque22 los Estados Unidos consumen su propio carbón, mientras que en los países de la América latina lo importan, razón por la cual les resulta más caro.

—No olvide que en Sud América flotamos sobre un mar subterráneo de petróleo,—observó sonriendo el señor Jiménez.—Pero con todo,—añadió, cambiando de tono,—admito que la producción de la fuerza eléctrica siempre representará una economía.

—Analicemos ahora—interrumpió mister Smith—la parte relativa al intercambio. ¿Qué productos nos enviaría la América latina?

—¿Sabía Ud.—exclamó el señor Souza a manera de23 respuesta—que el Brasil tiene los mayores depósitos de mineral de hierro que se conocen; un hierro casi libre de todo rastro de24 fósforo, y al que se calcula un rendimiento de setenta por ciento?

—Pero ese depósito pronto se agotará,—dijo Jiménez, haciendo una guiñada de inteligencia25 a sus amigos.

—Sólo en el estado de Minas Geraes tenemos cerca de dos mil millones de toneladas,—replicó el brasileño con viveza, tomando la broma en serio.26—Y no cuento los yacimientos de hierro que hay en otros estados.

—¿Quedan esas minas muy alejadas de los puertos de embarque?—preguntó mister Smith con interés.

—A menos de cuatrocientas millas de la costa—le contestó Souza.

—Si eso es así—repuso mister Smith,—nuestras fundiciones podrían llegar a ser clientes exclusivos de esas minas, porque dentro de poco la producción de acero en los Estados Unidos va a alcanzar cifras estupendas. También la Europa necesitará ese mineral para mezclarlo con los suyos, menos puros.

—Mi país,—continuó el señor Souza—es el que produce más manganeso, después de la India. Ya sabe Ud. cuán enorme es la demanda de manganeso para la industria del acero.

—Por nuestra parte—intervino Enríquez, ingeniero chileno,—poseemos los mayores depósitos de nitrato que existen en el mundo y, como Ud. no lo ignora, ese producto, además de ser un abono excelente, es un elemento indispensable27 para la fabricación de la pólvora.

—¡Hum, hum!—murmuró mister Smith, rascándose la cabeza28—eso me gusta menos.29 Ud. comprenderá, sin duda, señor Enríquez, que nuestro país tendría reparos en depender del extranjero para la provisión de una substancia tan preciosa30 para la defensa nacional en caso de guerra. Yo estoy por la fabricación artificial de los nitratos y creo que mi país debiera instalar en el Niágara una planta eléctrica para su elaboración.

—¿Por qué en el Niágara?—preguntaron varios a la vez.

—Porque para la fabricación del nitrato es indispensable el alto calor de los inmensos hornos eléctricos—contestó mister Smith.—Sin embargo, no creo que esta forma costosa de fabricación se usara en la preparación de nitrato para abonos, de los cuales, por otra parte, no podemos prescindir. Es ocioso pensar en31 aumentar nuestra producción agrícola si no acrecentamos la productividad del suelo, toda vez que32 carecemos ya de tierras baldías que pudieran utilizarse para satisfacer la creciente demanda de productos agrícolas.

—Tratándose de productos que sería posible importar en los Estados Unidos—dijo a este punto el señor Bustamente, comerciante boliviano,—no debe Ud. olvidar nuestro estaño. Bolivia concurre con el diez y ocho por ciento de la producción mundial de ese metal, y que los Estados Unidos reciben ahora de Oriente....

—... corriendo el riesgo de que su paso por el canal de Suez se vea dificultado en tiempo de guerra—agregó mister Smith, completando la frase.

—Lo mismo digo de nuestro cobre y de nuestra plata,—continuó el señor Bustamente—aunque esos metales existen asimismo en Chile y el Perú. Han de saber Uds. que la meseta boliviana es una de las regiones más ricas en minerales que existen en el planeta, y que, atendiendo a la situación incierta de Méjico, ofrece una buena oportunidad a los capitalistas y mineros norteamericanos.

—A propósito del Oriente,—dijo el señor Souza—¿no le parece a Ud. que los Estados Unidos que ahora importan algún caucho de África, podrían abastecerse de ese producto exclusivamente en el Brazil?

—Pero entiendo que la goma del Brasil es más cara que la de África....

—Es verdad que hasta hace poco nuestro caucho se cotizaba a precios casi prohibitivos; pero esa alza fué pasajera. Reconoció diversas causas como son los métodos inadecuados, jornales y sueldos demasiado elevados y utilización incompleta del producto. Pero, gracias a la aplicación de métodos científicos y al empleo de obreros de Ceará y Rio Grande do Norte, la situación se ha normalizado.

—¿Queda mucha goma aún?—preguntó Jiménez.

—¡Que si queda!33—exclamó el brasileño, levantando las manos en alto.34—¡Con decir a Uds.35 que en la actualidad el comercio se hace por los ríos y sólo se explotan los bosques contiguos! Tierra adentro36 las selvas de borracha están intactas.

—¡Excelente oportunidad!—observó mister Smith. Si bien se mira,37 la región del Amazonas está más cerca de los Estados Unidos que el África.... ¿Viene también de su país, señor Souza, esa madera tan útil que se llama quebracho?

—Tenemos ese árbol y, además, inmensos bosques de otros árboles que contienen mucho tanino en la corteza y en las hojas; pero el comercio de quebracho está especialmente desarrollado en una zona de la Argentina más próxima a los puertos,—agregó el señor Souza.—¿No es así, doctor Mendoza?

—Es exacto lo que Ud. dice,—replicó éste.—Y he de observar que esa planta crece en una área limitada. Los europeos tienen casi monopolizada la industria de la extracción del tanino, el cual se emplea en el curtido del cuero; pero todavía quedan grandes superficies forestales que podrían abastecer con tanino a todas las curtidurías de los Estados Unidos.

—A propósito de la Argentina, cuyo nombre trae a la mente la idea de ganados numerosos—dijo mister Smith,—han de saber Uds. que las tierras adecuadas para apacentar rebaños en nuestro país son más escasas cada día, a causa de las exigencias de la agricultura. La merma en nuestra riqueza ganadera ha adquirido proporciones tales, que ya la demanda de carne supera a la oferta. Ya importamos carne, cosa que hace veinte años habría parecido ridículo predecir. Solamente en la América latina quedan todavía tierras baldías que pueden destinarse al pastoreo.

—¿Y en el Canadá y Siberia?—preguntó el boliviano.

—El clima es allí demasiado frío,—contestó Smith.—Y en Australia y el Sur de África la lluvia es insuficiente para mantener los prados donde se apacenta el ganado.

—Por ese motivo, las regiones que Ud. acaba de mencionar38 no comenzarían a explotarse sino después que los fértiles prados sudamericanos hubieran sido ocupados,—observó el señor Mendoza.

—¡Ya va largo!39—exclamó el señor Souza.—La América del Sur puede ofrecer una superficie inmensa, que comprende no solamente la Argentina sino también el Brasil, la parte este de Bolivia y todo el Paraguay.

—¿Y el Uruguay?—preguntó mister Smith.

—Puede decirse que40 ha alcanzado ya la máxima cifra de ganado que puede soportar.

—Todo eso está muy bueno,41—dijo sonriendo el señor Matienzo, que hasta entonces no había hablado;—pero de nada valdría42 el que los Estados Unidos poseyeran las fuentes de abastecimiento de sus mercados si al mismo tiempo no dispusieran de una marina mercante para el transporte de los productos.

—Estoy con Ud.—dijo mister Smith. Y luego agregó en tono grave:—Y si las relaciones internacionales no se organizan43 de acuerdo con el ideal universal de paz, mucho me temo44 que la América toda, y no sólo la del norte, necesite una marina de guerra bastante poderosa para defender su independencia económica.

—Pero con marina de guerra y todo,45—dijo el boliviano,—yo preveo una dificultad, y es46 la desproporción entre las importaciones y las exportaciones de los Estados Unidos.

—Tiene razón el señor47 Bustamente,—asintió mister Smith.—Nuestras importaciones han sido siempre de menor peso y volumen que las exportaciones. Hemos importado cacao, café y goma, que requieren poco tonelaje, y en cambio hemos exportado trigo, maíz y, hasta hace poco, carne, que ocupan mayor espacio. Pero el equilibrio se establecería si Uds. nos mandasen el mineral de hierro y manganeso del Brasil....

—Y la carne, el quebracho, la lana y el lino de la Argentina,—agregó el señor Mendoza.

—Y nuestro nitrato y nuestro cobre...—añadió por su parte48 el señor Enríquez.

—Y nuestro estaño y nuestra plata,...—apuntó el boliviano.

—¡Pero, señores!49—exclamó riendo el norteamericano,—¡a ese paso50 los papeles se trocarán51 y el déficit en el tonelaje estará en contra de nuestras exportaciones para Sud América!

Todos rieron de buena gana,52 pero el señor Martínez, calmando a sus amigos con un gesto, dijo:

—Para llenar ese déficit está el carbón.53 El carbón ha suministrado las tres quintas partes de las exportaciones de la Gran Bretaña para la América latina. Ese producto ha sido el compensador de los fletes marítimos de esa nación, y le ha permitido conservar la preponderancia comercial en el mundo entero. ¿Por qué no habría de54 asegurar ahora la de los Estados Unidos en el continente?

Chapter Footnotes:

Notes

1 el continente mismo. Note difference between el continente mismo and el mismo continente.

2 banquero yanqui. Note the omission of the indefinite article. In Latin America the term yanqui is applied to all natives of the United States, as well as to institutions of that country in general.

3 tarde o temprano, sooner or later. Variant: Más tarde o más temprano.

4 Tal vez tenga Ud. razón. Note subjunctive, You may be right. Variant: Tal vez tiene Ud. razón.

5 materias primas de que carecemos, raw materials which we lack. Variant: Materias primas que no tenemos.

6 a esta altura del diálogo, at this point in the conversation; at this juncture.

7 Tengo para mí que, I am convinced that.

8 un sí es no es de, a suspicion of; a little; a touch of. Variants: Un poco de; un tanto de; un poquito, un tantico de.

9 que apenas comenzamos, which we have scarcely begun (attempted); in which we are beginners.

10 papeles de industrias, securities; industrial stocks and shares.

11 ¿Quién nos dice que...? Who shall say that; Who can tell whether...?

12 la Unión no se ha..., the United States will not have become.... Variant: Nadie tendría motivos para negar que... la Unión no se ha convertido.... Note the use of the perfect indicative in referring to a future event.

13 a la vuelta de algunos años, in the course of a few years. Variants: Dentro de algunos años; antes de muchos años.

14 Si tal cosa ocurriera, If this should happen (come to pass). Future subjunctive is also permissible here.

15 hay títulos y títulos, there are securities and securities.

16 ante todo, above everything; first and foremost. Variants: Primeramente; en primer lugar.

17 Entre nosotros, With us.

18 en cierto modo, in such a way. Variant: Hasta cierto punto.

19 digno de todo elogio, worthy of all praise; worthy of commendation. Variants: Encomiable; plausible; digno de aplauso.

20 Por mi parte, As for myself; for my part. Variants: En cuanto a mí; en lo que a mí toca (or respecta).

21 la substitución del vapor por la electricidad, the substitution of electricity for steam. Note transposition of terms.

22 Pues, porque..., Well, because....

23 a manera de..., by way of (reply).

24 casi libre de todo rastro de, almost free from any trace of.

25 guiñada de inteligencia, a knowing wink.

26 tomando la broma en serio, taking the joke seriously.

27 además de ser un abono excelente, es un elemento indispensable..., besides being an excellent fertilizer, is an indispensable element (constituent).... Variant: Además de un abono excelente, es un elemento....

28 rascándose la cabeza, scratching his head. Note the article instead of the possessive.

29 eso me gusta menos, I don’t like that so well.

30 de una substancia tan preciosa, of so precious (valuable) a substance.

31 Es ocioso pensar en, It is useless (idle) to think of.

32 toda vez que, especially as. Variants: Puesto, desde que.

33 ¡Que si queda! Any left!

34 en alto, up; on high; in the air. levantando las manos al cielo, raising his hands to Heaven.

35 ¡Con decir a Uds....! When I tell you...!

36 Tierra adentro, Inland; in the hinterland.

37 Si bien se mira..., If you will observe.... Variants: Bien visto; bien considerado; bien mirado.

38 que Ud. acaba de mencionar, which you have just mentioned.

39 ¡Ya va largo! That will take a long time! It is a far cry to that! Variants: Hay que esperar para eso; falta mucho.

40 Puede decirse que, It may be said that.

41 Todo eso está muy bueno, That’s all very well.

42 de nada valdría, it wouldn’t do any good to.

43 si las relaciones internacionales no se organizan (en el futuro),... are not organized; are not adjusted. Variants: No se organizasen; no se organizaren.

44 mucho me temo, I greatly fear. Variants: Temo; tengo (or abrigo) el temor; tengo miedo que.

45 con marina de guerra y todo, with navy and all; even granting the navy.

46 preveo una dificultad, y es, I foresee a difficulty, and that is.

47 Tiene razón el señor..., Mr.... is right. The gentleman is right.

48 por su parte, in his turn. Variants: A su vez; a su turno.

49 ¡Pero señores! But, gentlemen!

50 ¡a ese paso...! at that rate...!

51 los papeles se trocarán, the tables will be turned.

52 Todos rieron de buena gana, All laughed heartily. Variants: Todos rieron a carcajadas; lanzaron una carcajada.

53 Para... está el carbón, To... there is coal.

54 ¿Por qué no habría de...? Why should not...?

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