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Nuestra Pampa

by W. Jaime Molins

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La Pampa moderna

Tal es la Pampa de hoy, bajo las diversas aristas de su fisonomía, como la concibe nuestra semblanza honesta y augural. Y seamos francos: ¿la sabía de tal magnitud el país? Es posible que no. Impregnados estamos del prejuicio porteño sobre esta “factoría” territorial, para que caigamos en la ingenuidad de creer que no tiene mucho de paradojal ese conocimiento de la Pampa. En las deficiencias de la enseñanza está, sin duda, el fundamento de este pecado original. Ningún educando concibe el territorio pampeano—para su clase de composición—si no como “esa llanura extendida, inmenso piélago verde”, con el gaucho legendario y el ombú. Son los errores del romance vulgarizados en la escuela por el criollismo invertebrado que se revuelca todavía entre las cenizas del fogón. Son resabios de maestros indolentes, pegados al fabulario de los payadores, más que al proceso de la geografía política del país. ¡Ni la eterna llanura, ni gauchos, ni ombúes! Entre los campos ondulados, grávidos de cereales y teñidos en verde de alfalfar, zigzaguean los caminos dóciles y decisivos. Ya el coturno de la bota de potro se borró entre las arenas frágiles del médano, al paso del ramplón tachuelado del gringo. Hasta allí no alcanzó la sombra bienhechora y egoísta del ombú “sin dar al rancho madera, ni al fuego una astilla dar”. Son caldenes los soberanos de la selva pampeana, contra cuyos troncos seculares se afila la herramienta talar, abriendo predios vírgenes a Céres y la pradería artificial.

Sobre la base de estos errores que competen a la geografía elemental y que—pese al optimismo declamatorio—siguen difundiéndose en los establecimientos de enseñanza, gravita el desorientado preconcepto que se tiene del territorio. Pero no es solo el error de “bona fide” el que ha dado cauce al juicio irrazonado sobre las características generales de la Pampa y su grandioso porvenir. Hay otros factores especiosos que tientan con malicia mantener el concepto insustancial que se tiene formado de la Pampa, de manera de no descorrer el velo de esta recóndita virginidad, fuente poderosa de riqueza y de vigor.

Contiene este libro el aporte veraz y desapasionado que necesita el país para orientar su juicio sobre la Pampa. Pero si la objetividad con que han sido recogidas estas informaciones y la honradez periodística que prestigia sus capítulos, no tradujeran con suficiente elocuencia el grado de progreso alcanzado por este gran territorio, completaríamos la nota personal con las revelaciones de la estadística. Así, en guarismos globales, diríamos al país que la Pampa según la información del censo de 1912 excede en población de 108.000 habitantes, sobre una extensión de 14.000.000 de hectáreas de tierras aptas para toda clase de cultivos y explotaciones ganaderas; que la agricultura ha extendido sus sementeras en una superficie no menor de 2.000.000 de hectáreas, mientras la industria pecuaria, con el prestigio de la tecnificación reclamada por la ciencia moderna, abarca todo el resto del territorio, desde las notables invernadas de Pico hasta las márgenes del Colorado y los campos ovejeros de la Copelina; que los ferrocarriles han irradiado su sistema colonizador en líneas y ramales cuya longitud marca una extensión superior a 1.700 kilómetros, lo que excede en mucho a la mayor parte de las provincias argentinas, salvo Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe; que posee más de cien escuelas nacionales, colegio nacional y escuela normal y veinte y cinco publicaciones periódicas entre diarios, hebdomadarios y revistas; que alienta la vida institucional de veinte comunas constituídas y otro número igual de pueblos que aguardan las revelaciones del censo para incorporarse al organismo municipal. Y a esta demostración de potencialidad, material y moral, que informa de un organismo poderoso vitalizado por las grandes industrias, hay que agregar la fuerza económica del acervo privado que excede de los 300 millones y su contribución impositiva al fisco nacional muy vecina a los 5 millones de pesos.

Corto se ha quedado el panegírico de los pampeanistas al buscar, para el proceso evolutivo, de este territorio el simil de las tierras estadounidenses que complementaron y aureolaron con su incorporación a los trece estados fundadores, la bandera constelada del Norte. Reclamamos para la Pampa la originalidad de un Estado absolutamente nuevo y sin precedentes en las demás naciones del orbe. Ya lo hemos dicho al comienzo de este libro: la Pampa no ha tenido adolescencia. Después de la desposesión al aborigen—ayer nomás—ha quedado incorporada de hecho a la cultura nacional, sin ese interregno semi-bárbaro que caracterizó las tierras nuevas de los Estados Unidos. El problema del indio cayó en liquidación con la campaña al desierto que constituye el episodio interno más notable en la vida militar del país. Y si aún se sostiene la fantasía selvática del Chaco, nada de extraño sería, que poniendo en evidencia las razones de este pseudo-problema, se encontrara en nuestro norte lejano el pretexto de una gimnasia militar para computar servicios y ganar presillas, a título de movilizar la institución armada de suyo burocrática en nuestro país, para tranquilidad y grandeza de la República...

Nosotros no tenemos ni el problema del indio, ni menos “the black problem” que es una pesadilla para los Estados Unidos.

Ningún territorio de la Unión, al incorporarse como Estado autónomo alcanzaba a la densidad demográfica de nuestra Pampa. Ni Ohio, ni Mississipí, ni Illinois, ni Missouri, ni Michigan, ni Florida, ni Iowa, ni Oregón, pudieron alcanzar esta cifra elocuente de 108.000 habitantes con que podemos presentar a la Pampa en su justo anhelo de provincialización. Todos aquellos Estados, con extensiones territoriales iguales o mayores que la Pampa, oscilaban parcialmente, en población de 45 a 80.000 habitantes. Solo Kansas, al operarse su transición política de territorio a Estado, tenía una población igual que la Pampa. Y Montana, que ocupa su sitio en el concierto federal en 1889, arroja una población de 130.000 habitantes pero sobre un territorio tres veces superior que la Pampa.

No puede haber parangón posible entre el caso argentino y el norteamericano. Aquellos Estados se incorporan a la constelación por una apremiosa necesidad política, frente al problema separatista que era fundamental. Nuestra Pampa debe incorporarse espontáneamente por obra y gracia de la civilización. Su sistema cultural ha sido más completo que el de los territorios unionistas del oeste. Aquí, operada la conquista indiana, el progreso orgánico abrió con su cultura, el ciclo franco de la colonización, sin las escenas de aquella California desalmada de los buscadores, ni la justicia típica del “far west” con el código de Lynch y los desbordes de la chusma incivil.

Balanceadas en el transcurso de este libro las fuerzas vivas del territorio, fluye de una manera evidente la necesidad de elevar la categoría institucional de la Pampa, bajo el concepto federativo de nuestra carta fundamental y de acuerdo con el desarrollo de sus fuerzas productivas, su vitalidad económica y su densidad de población. Sobre la base de la constitución, la ley territorial número 1532, en su artículo 4.º, estatuye en forma clara y terminante que “cuando la población de una gobernación alcance a sesenta mil habitantes, constatados por el censo general y los censos suplementarios sucesivos, tendrá derecho para ser declarada provincia argentina”. Tal es la situación de la Pampa. Todo esfuerzo para violentar ese derecho legítimamente conquistado, sería atentatorio para la civilización y regresivo para la ley.

Vocabulario

Impregnados. Llenos, convencidos.

Prejuicio. El juicio que se forma sobre una cosa sin conocerla.

Factoría. Establecimiento exclusivamente comercial.

Paradojal. De “paradoja”: aserción falsa que se presenta con aspecto de verdadera.

Invertebrado. Que no tiene columna vertebral. Está en sentido figurado.

Fogón. El fuego que en el campo se enciende para preparar las comidas.

Fabulario. Conjunto o colección de fábulas.

Zigzaguean. Que hacen zigzag, es decir, camino quebrado.

Coturno. Especie de calzado usado por los griegos y los romanos.

Ramplón. Grosero, inculto, vulgar. Calzado tosco, de suela muy gruesa y ancha.

Tachuelado. Claveteado con tachuelas.

Seculares. Con siglos de vida.

Preconcepto. Juicio sobre una cosa antes de conocerla.

Bonafide. Expresión latina: de buena fe.

Factores. Elementos.

Recóndita. Escondida.

Veraz. Verdadero, que dice la verdad.

Guarismos globales. La cantidad, expresada en números redondos, que indica la suma de varias más pequeñas.

Hebdomadarios. Semanario, o semanal.

Acervo. Riqueza, capital, fortuna.

Panegírico. Elogio.

Interregno. Un espacio de tiempo.

Pseudo-problema. Problema que sólo lo es en apariencia.

“The black problem”. En inglés: el problema negro. Pronúnciase: di blac problem.

Parangón. Comparación.

Separatista. Partidario de la separación.

Unionista. De la “Unión”, nombre abreviado que suele darse a los Estados Unidos.

Estatuye. Dispone, ordena.

Gringo. Muchos autores se ocupan del origen de esta palabra. Hay quienes aseguran que esta expresión tiene su origen en una canción triste que entonaban los prisioneros ingleses, hechos durante las invasiones de principios del siglo pasado. Estos prisioneros, cuando al caer la tarde regresaban de Quilmes a Buenos Aires, después de las labores a que habían sido confinados, cantaban en coro una canción cuyo motivo principal de letrilla sonaba eufónicamente a los criollos con esta expresión: “gringo”.—Se hizo popular entonces, la manifestación de “ahí vienen los gringos”. Pero esto es absolutamente hipotético. Hemos podido observar que en Chile, Bolivia, Perú, etc., que ni de reflejo han recogido este modismo, se usa la palabra “gringo” para designar al extranjero; sea alemán, inglés, italiano, etc. Para nosotros, la palabra “gringo” viene de “grincu”, expresión araucana que significa extranjero. Nada más evidente y claro.

Cumilao. Nombre de capitanejo indígena.

Curacó... Agua de la piedra.

Mapuches. Mapú (tierra); che (gente).

Nahuel-Huapí. Terreno del tigre.

Neuquén. Río grande y correntoso en esta parte.

Puelén. Valle profundo.

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