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Nuestra Pampa

by W. Jaime Molins

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Un poblador de garra

Pesa sobre la zona oeste de la Pampa un injusto prejuicio, el mismo que hace poco más de veinte años gravitaba sobre todo el territorio, malogrando las más bellas iniciativas. La campaña al desierto cerró el legendario interrogante. Roto el misterio para la incredulidad de Buenos Aires, el capital inteligente buscó su acomodo en la tierra conquistada. Se extendió el horizonte de la ganadería, se abrió paso a paso, llevando con sus rieles civilización y bienestar. Y bien: no se ha hecho toda la conquista. Las pampas del oeste esperan todavía, como el bíblico solar, el advenimiento transformador. Malos gobiernos, iniciativas débiles, indolencia oficial y privada, han sido los factores negativos puestos como una infranqueable barrera para la prosperidad de aquellos campos. Por eso, cuando aparece una figura de garra, que se levanta como la sombra de Anteo a retar el obstáculo, el escepticismo intolerante no admite en la acción nueva el propósito levantado, sino la tentativa especuladora y aviesa.

Tal habrá ocurrido a ese hombre de envergadura, a ese gran francés, tipo de los modernos colonos del Madagascar, don Alfonso Capdeville. ¿Y quién es Capdeville?—preguntarán los burócratas de todo el país, los afincados cómodos que pasan el día mirándose la panza como los fetiches.—¡Pues nadie!... Capdeville fué el fundador de Telén, buscador del vellocino que plantó su tienda—qué decimos: ¡su castillo!—treinta leguas más allá de los últimos durmientes del ferrocarril; que dió impulso formidable a una inmensa comarca; que depuró de bandidaje los campos, allanó los caminos y llevó el intercambio comercial hasta los puntos más remotos del oeste, hasta Colonia Mitre, hasta el Odre, hasta Santa Isabel, Algarrobo del Aguila y la Copelina. Y después de dar vitalidad a toda esta región, de organizar su comercio, de estabilizar una nutrida población, fomentar las industrias rurales, valorizar la tierra, fundar bancos y propender a todas las iniciativas, envuelto en la veleidad de los negocios—¡Anteo, al fin!—va a poblar el establecimiento El Sosneado, llevando, como un águila, el empuje de su espíritu civilizador hasta los valles mendocinos del sur, ignotos y feraces.

El tren del Oeste no llegaba a General Pico aun, cuando Capdeville planta la primera piedra de la naciente población. Como medida previa, se organiza un servicio de comunicaciones y pasajeros entre Victorica y Telén, a base de las diligencias bisemanales en comunicación regular y directa con la capital del territorio. Para el transporte de las mercaderías y productos regionales, se establece un servicio de tropas, nutrido y bien aviado. Pero esto no era el desiderátum para la economía vecinal, destinada a una costosa edificación con el encarecimiento de los materiales. Capdeville, que no sabe abandonar a los suyos, afronta con valentía las dificultades preliminares y da el ejemplo en la empeñosa labor. Su casa, sita en el punto más alto de Telén, no es una casa: es una montaña, aferrada al suelo como un sello inconfundible de estabilidad. Con esta fábrica, que parece una ciudadela, se inicia la edificación urbana. Sigue su casa de negocio que abarca una manzana con amplio hotel, talleres de carpintería y herrería montados con maquinarias modernas y una barraca de frutos con prensa hidráulica y a donde por muchos años, vino a volcarse la cosecha de lanas de toda la región hasta los límites con San Luis y Mendoza. Complementan estas construcciones hechas a todo costo, los edificios para el correo y la escuela. En este tren vertiginoso de progreso, nada de extraño es que Telén sea el primer pueblo de la Pampa que haya tenido luz eléctrica. ¡Bello apresuramiento esta electrificación de su alumbrado público, cuando aun no había llegado el tren! Esta sola nota da la medida del gran espíritu de su fundador.

Conjuntamente con estas primeras manifestaciones edilicias, se daba la nota amable con la plaza pública que es un primor y la que fué necesario tapiar con una pared de un metro de alto, para resguardar contra los vientos las plantas exóticas que dieron tonalidad y alegría a sus jardines. La iglesia parroquial, de tipo elegante, reclamó para su construcción, una suma no menor de 50.000 pesos. Fueron tiempos felices aquellos de la infancia de esta interesante población, cuando la abundancia fué nota característica de una creciente prosperidad vecinal, y la gran casa del señor Capdeville, verdadero emporio y verdadero banco de la zona, vió eternamente en sus canchas de embalaje y en las calles adyacentes, hasta cincuenta carros diarios cargando y descargando mercadería.

Fué quello una racha de bienestar para todos los pobladores, situación que se hizo más accesible con la fundación del Banco de Crédito Rural de Telén, establecimiento constituído por acciones y con un buen capital. Este banco trabajó seis años holgadamente. Con el decaimiento de Telén clausuró sus operaciones, estando actualmente en liquidación.

Son estos, en síntesis, los primeros pasos de Telén. Pero, como todas las obras personalísimas que llevan el sello inconfundible de sus gestores, Telén sintió el vacío, cuando reveses de fortuna alejaron de su seno a su esforzado fundador y “alma mater” de aquella brillante iniciación. Hoy ha decaído. Pero somos optimistas sobre el futuro que le está reservado todavía. Telén supervivirá al sacudón y al amodorramiento. En esta parálisis en que vegeta hoy, son diversos los factores que operan con fuerzas negativas, pero que irán desapareciendo poco a poco.

Capdeville no fué un visionario. El tenía fe en el éxito de la aventura. El sabía que el triunfo de Telén sería definitivo, cuando los campos circundadores cayeran en cultivos. La agricultura haría el prodigio. Pero la agricultura se ha retardado demasiado, y esto no estaba en los libros del señor Capdeville. ¿Por qué se prolonga esta evolución que tiene que venir fatalmente? Porque el latifundio ahoga todavía al centro urbano. Y los terratenientes, que antes de fundarse Telén, hubiesen realizado sus campos por dos cobres, una vez floreciente el centro urbano, se dejaron llevar por el optimismo y pidieron cifras fabulosas por su heredad. No se pudo subdividir y en consecuencia, no se pudo sembrar.

Cuando esto ocurra, Telén renacerá con más vigor.

Vocabulario

Garra (de). De empuje; capaz de grandes empresas.

Legendario. Propio de la leyenda.

Advenimiento. La llegada de algo que se espera.

Envergadura. En sentido figurado: gran capacidad para realizar las empresas que un hombre emprendedor se propone realizar.

Burócratas. Oficinistas.

Vellocino. En sentido figurado: la fortuna.

Durmientes. Travesaños de madera dura sobre los cuales se asientan los rieles del ferrocarril.

Depuró. De “depurar”: purificar, limpiar.

Ignotos. Ignorados, desconocidos.

Prensa hidráulica. Aparato que se usa para comprimir y reducir a su menor volumen los fardos de lana, forraje, etc., y que se mueve por medio del agua.

Exóticas. Extrañas, extranjeras.

Emporio. Centro comercial de un país o de una región.

Adyacentes. Que están muy próximas.

Síntesis. Resumen.

Alma mater. En latín: alma madre. Se dice de la persona que es necesaria para el funcionamiento y progreso de alguna empresa.

Terratenientes. Propietario de una gran extensión de campo.

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