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Nuestra Pampa

by W. Jaime Molins

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Por los pueblos del norte

Uno de los pueblos más antiguos de la Pampa y sobre el que ha pesado una rara injusticia, propia del azar de las cosas, ha sido Parera, centro urbano del norte y hasta el cual no ha llegado todavía el ferrocarril.

El Ferrocarril Oeste, cuando llevó sus líneas por aquella comarca, tuvo el propósito de conectar directamente Van Praet con Parera. Hace de esto algo así como quince años. Sea por convenir a los intereses de la empresa la modificación del trazado, o por que los propietarios de campo se “empacaron” en sostener precios fuertes por la tierra que iba a utilizar la ferrovía, el caso es que el tren se desvió para Jardón, siguió para Realicó, Quetrequén, etc., defraudando las esperanzas del vecindario de Parera, digno de mejor suerte.

Parera tiene 26 años de existencia y fué fundado en campos de don Faustino Parera, quien dividió y loteó el égido. Se llamó en sus comienzos el Tordillo. Los planos de esta población se oficializaron recién en 1915. Su población urbana cuenta con 1.400 habitantes. Tiene servicios municipales, modestos pero completos. Funciona en esta localidad una escuela nacional con los cinco primeros grados de enseñanza y que ha contado hasta 300 alumnos.

La colonización de la zona de Parera data de 1910. Los primeros agricultores fueron italianos procedentes de Quetrequén, Rancul y Chamaicó. Estos arrendatarios primitivos pagaban por su locación el 13% sobre la cosecha, o cuatro pesos por hectárea. Pero el arrendamiento en dinero no duró mucho tiempo. Había que facilitar la acción de los agricultores ya que la lejanía del tren dificultaba o encarecía el levantamiento y transporte de las cosechas.

¿Cuáles fueron los resultados de aquella iniciación agrícola? Los cuatro primeros años se hicieron notar así: dos, malos; uno, regular; uno, bueno. A pesar de todos los trastornos, los colonos se arraigaron. Hoy son francamente optimistas.

Algún tiempo después se hacía sentir, en parte, la ayuda oficial. El Banco de la Nación prestó sobre prenda agraria. En esta forma, se evitó el intermediario, que fué siempre el comercio local, formalizándose las operaciones directamente entre la institución bancaria y los colonos.

—¿Vendrá algún día el ferrocarril?—nos interroga un vecino caracterizado de Parera, que encontramos en Quetrequén.—Estamos tan desesperanzados ya!...

Sentimos desilucionar a este bravo agricultor que fué de los primeros en roturar la tierra de la comarca. Nos parece difícil que el ferrocarril lleve sus líneas hasta Parera. Lo único viable que encontramos—y que será tal vez la solución del tan justamente anhelado beneficio ferrocarrilero—es la unión de Quetrequén con Ingeniero Luiggi, pasando por Parera, a pesar de la pequeña comba que haría la línea. Mientras esto se convierta en una bella realidad, beneficiando con el riel a una región importantísima, hagamos votos por que el gobierno lleve a Parera, por lo menos, el telégrafo nacional.

Realicó, la población más septentrional de la Pampa, centro cortado en cruz por los ferrocarriles del Pacífico y del Oeste, está destinado a ser de una importancia excepcional una vez que se subdivida la tierra circunvecina. Sus prolegómenos fueron como la mayor parte de los pueblos pampeanos, erizados de dificultades. El pueblo tiene apenas diez años de vida y ya es un centro primoroso, sin la potencialidad de Pico, pero con muy brillantes perspectivas. Se fundó el 2 de marzo de 1907. La colonización de sus chacras vecinas data de 1903. Se ha seguido, pues, en este sistema de población, el orden correcto: primero los años de prueba, los cultivos, es decir el ensayo sobre los medios de vida de que dispone la comarca; después, la fundación del centro urbano.

Había en los comienzos de esta colonización un arraigado pesimismo que fué menester destruir poco a poco. Los agricultores santafecinos y del sur de Córdoba, no querían arriesgarse en el ensayo de aquellas tierras, conceptuadas malas, “a priori”. La tosca, la arena, la escasez de pastos, la irregularidad de las lluvias, eran factores negativos, mentados de lejos y sin el conocimiento absoluto de la tierra. Había una especie de terror a una planta silvestre llamada alpataco, de corto tallo, que se difunde en raíces duras y que rompe las rejas del arado. A esta mala cizaña, se unía el olivillo y el tupe enseñoreado, también, de las praderas.

Destinados a ganarse la vida en campos tan ingratos y tan desacreditados por el prejuicio, los primeros agricultores se volvían a sus tierras del norte, sin intentar que la labor inteligente salvara los obstáculos. Después, los más tenaces, echaron de ver que las tierras eran de excelente calidad. El alpataco, con su raigambre infernal, sirvió de combustible, descuajado a fuerza de hacha, después de arar. Y, cosa rara, resultó que las tierras de alpataco fueron las más aptas para los cultivos de las gramináceas.

Los criadores de ovinos, corridos por la irrupción agrícola, se retiraron al oeste, no sin antes haber provocado el choque. De esta lucha de las dos corrientes industriales, la ganadería rudimentaria y la agricultura científica, resultaron las quemazones de campos, consecuencia de la derrota de una de ellas, al arriar sus majadas en busca de tierras vírgenes.

¿Qué ocurrió después? Que la colonia fué tomando incremento en forma halagadora, hasta no dejar un estadal de tierra sin cultivo.

Hoy este pueblo del norte está en marcha y en estado floreciente, merced a la difusión agrícola de su departamento. La tierra se subdivide en pequeñas propiedades, lo que importa un progreso regional que ha de hacerse sentir bien luego en la economía del departamento. He aquí un dato sugerente que nos proporciona el señor S., vecino de gran prestigio en Realicó y la zona del norte; Don Pedro V., arrendó en la cercanía de esta población 564 hectáreas de campo al precio de 6 pesos. Esta fracción tiene unas 60 hectáreas de monte. El primer año obtuvo buena cosecha. El segundo tuvo un rendimiento de 3.000 quintales que vendió entre 14 y 16 pesos. Este año agrícola ha sembrado 400 hectáreas con un rendimiento aproximado de 10 fanegas por hectárea—no hemos confirmado el dato.—Corolario de la prosperidad de este colono con buena estrella: que ha comprado el campo a la compañía Holando-Argentina a razón de 137 pesos la hectárea, pagándolo con el producto de sus cosechas.

Basta este detalle para pensar que fué ilusorio aquel pesimismo inicial y que no deben ser tan malas las tierras de alpataco...

De nuestra visita a Quemú-Quemú, hemos recogido la más óptima impresión. Es, sin duda, esta población una de las más progresistas de la Pampa, por la situación topográfica que ocupa en el territorio, la calidad de las tierras adyacentes y la difusión colonial que informa el incremento que ha tomado la agricultura.

Quemú-Quemú, fué fundado el 26 de julio de 1908, por el señor Carlos M. Madero, en campos de la señora Sara Unzué de Madero. Tiene actualmente en su planta urbana 3.500 habitantes y 3.000 en el perímetro de su departamento. La población está, como Pico, Realicó y Catriló, cruzada por dos vías férreas, el Pacífico y el Oeste. Esta circunstancia pone al departamento en condiciones inmejorables para propagar sus industrias rurales.

Quemú-Quemú tiene hoy municipalidad propia. Sus calles son amplias y rectas. Dos plazas públicas—San Martín y Belgrano—dan vida al aspecto general del municipio con sus jardines bien arborizados. Tiene importantes establecimientos de comercio e industrias urbanas.

En los campos tributarios de Quemú-Quemú, quince colonias de importancia han intensificado la vida agrícola, extendiendo sus cultivos en una superficie de 170.000 hectáreas.

El agua subterránea se encuentra a profundidades que varían de 3 a 5 metros.

Entre los establecimientos rurales de Quemú-Quemú más importantes, figura La Enriqueta, con 2.500 hectáreas, campo alfalfado y dividido en 15 potreros. Esta propiedad dedica sus praderas a la crianza de vacunos, tipo Durham mestizado y caballar Hackney.

Es digno de mención el importante criadero de aves de La Enriqueta, con magníficos planteles y reproductores de pedigree.

Pero el establecimiento de verdadera significación en la zona es San Alberto, a cuatro leguas del pueblo, fundado en 1907.

San Alberto se extiende en una superficie de 14.000 hectáreas, es decir, más de cinco y media leguas de campo. Esta inmensa pradera, alfalfada en su totalidad, está dividida en 50 potreros con 46 molinos.

Para darse cuenta de la importancia de esta gran invernada, baste saber que pacen en aquel fundo alrededor de 15.000 cabezas de ganado vacuno, tipo Durham en su totalidad.

Otro establecimiento digno de mención, es San Rafael. Comprende este campo una superficie de 2.500 hectáreas cultivadas con alfalfa y pobladas con ganados bovino y ovino, de noble mestización.

San Rafael, dividido convenientemente en cuadros de invernada, está cercado con alambrados de seis hilos lisos y dos de púa.

La Delicia es otro establecimiento de industrias mixtas. En este campo de 1.200 hectáreas, hay un monte frutal y viñedo que han dado excelentes resultados.

En compañía del intendente municipal de Quemú-Quemú, giramos la población, sorprendiéndonos agradablemente los progresos de la edificación y el buen orden edilicio que dan idea de la comuna progresista.

Vocabulario

Conectar. Poner en conección, unir.

Ferrovía. Ferrocarril.

Viable. Hacedero; que puede ser hecho.

Septentrional. Del norte.

A priori. Locución latina. De antemano. Se dice que una demostración o una afirmación es a priori, cuando deducen los efectos de las causas.

Alpataco. Planta leñosa de raíces duras y sarmentosas.

Incremento. Aumento.

Corolario. Consecuencia.

Tributarios. Que dependen.

Pacen. De “pacer”, comer la hierba.

Fundo. Propiedad, finca rural.

Realicó. Alberca o aguada en forma de fuente (araucano).

Rancul (o Ranquel). Juncos (araucano).

Chamaicó. Cha (gente); mai (derecha); co (aguada, manantial).

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