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Nuestra Pampa

by W. Jaime Molins

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Silueta de un “pioneer” pampeano

Veamos ahora los perfiles salientes del prócer que cimentó esta obra.

Tuvo, sobre todas las cosas, don Antonio D., un gran carácter, como basamento de su contextura moral. Espíritu abierto, valeroso, franco, poseía, además, al decir de sus allegados, ese don intuitivo de las cosas. Sus éxitos de financista, de industrial, de hombre de negocios, no se afianzaron nunca en el juego aventurado de los acontecimientos, si no en la clara visión. Era inductivo-deductivo para el sistema de sus operaciones; y como se había hecho en el yunque y conocía el juego franco de los negocios y estaba ligado, como un factor integrante—tal vez más que ninguno—a la evolución comercial y económica del país, jamás el fracaso desconcertó ninguna de sus obras. Sin haber afrontado responsabilidades gubernaticias, debido a su calidad de extranjero, tenía toda la materia fundamental del estadista. ¿Qué otra cosa es esta inmensa comarca colonizada, donde florece un semillero de pueblos ligados por caminos de hierro, si no el resultado de una energía motriz y de una orientación previsora que rompió valientemente el prejuicio pesimista, puesto como un dique frente al porvenir de la Pampa? ¿No advertís la sentencia alberdiana, puesta en acción, en el momento preciso en que la reclama con más urgencia la República? Cuando adquirió los campos en Trenel, no faltó la expresión de escepticismo en boca de los potentados de Buenos Aires. ¡Era una lástima aventar tanta energía en aquel ingrato territorio! Y el prejuicio se basaba, precisamente, en una novelería que es necesario desterrar de una vez por todas de nuestra ingenua credulidad. Si el capital inglés, corajudo y engreído, había puesto límite a la ventura, criando ovejas a la buena de Dios que es grande, en aquella extendida comarca, ¿qué resultado aguardaría a Don Antonio que se arremangaba a la nueva conquista de conjurar la tierra con el arado? Solo el respeto que infundía este argonauta, puso una nota de fe en la timidez ambiente. Y Trenel fué una nueva consagración de su talento y un nuevo campo de acción para la riqueza nacional.

Convalecía el país, después de Caseros, cuando en 1855 aparece don Antonio asociado a su hermano don Bartolomé, piloteando su casa inicial. Para seguirlo en su ascensión de medio siglo, hasta la hora de su muerte—siquiera sea en sus más destacadas aristas—hay que vincularlo en todo momento al progreso argentino, a veces a los destinos de la cosa pública, siempre a la indiscutible confraternidad ítalo-argentina, y muy a menudo a los acontecimientos de orden económico que han puesto en juego la acción administrativa del Estado. Quiere decir con ésto que estamos en presencia de un grande hombre, un caso del “self-help”, en el sentido personal, un “pioneer”, generalizando el concepto público, digno de la estatua y de la gratitud.

Hombre de trabajo en la amplia acepción, lleno de salud física y moral, iniciador y dinámico, nada es desconocido para él en el alto mundo de los negocios. Banquero y financista, funda, encarrila y preside por largo tiempo el Banco de Italia y Río de la Plata. Funda el Banco Inmobiliario que pasa más tarde a ser compañía de seguros. Industrial, organiza y preside la compañía General de Fósforos y el Frigorífico Argentino. Hombre de empresa, toma a su cargo durante los años 1882 a 1886, la construcción de una gran parte de las obras de salubridad y aguas corrientes de la metrópoli, que importaron una suma mayor de 16.000.000 de pesos; el túnel de las aguas corrientes; el sifón que corre bajo el lecho del Riachuelo; el acueducto de desagüe que muere en Berazategui; obras de empuje que ponen de manifiesto su energía excepcional y su gran fe en el progreso argentino. Sembrador de pueblos, funda el pintoresco y nutrido faubourg de Villa Devoto, centro suburbano de notorio prestigio social, e inunda de núcleos florecientes el norte pampeano con la clarividencia del porvenir. Y es, a la vez, hombre público dentro de la acción oficial, filántropo, patriota fervoroso, gran argentinista y gran señor. Por diversos períodos el Concejo Deliberante de Buenos Aires y el Banco de la Provincia, le cuentan entre sus munícipes y directores más caracterizados por su iniciativa y su labor. Hombre de corazón y sentimientos cultivados, contribuye con generosas dádivas al sostenimiento de las instituciones filantrópicas. Funda y sostiene con su propio peculio en Villa Devoto, el gran asilo Umberto Primero, con destino a recoger, amparar y educar a los niños huérfanos de italianos, proporcionándoles, al propio tiempo, una educación sana y útil que los capacite para la lucha por la vida. Este orfelinato, cuyo sostenimiento mensual irroga un gasto de 15.000 pesos, cobija en su seno a más de doscientos niños, grandioso patrimonio que la caridad y el estudio rescatan para la sociedad al habilitarlos para la acción eficiente del trabajo y la moralidad. Italiano de origen y argentino de corazón, dá cima en 1910 a la noble idea de iniciar y sustanciar un gran movimiento de propaganda, en el sentido de que sus connacionales residentes significaran su afecto al país con la erección de un monumento a Cristóbal Colón. En esta oportunidad conviene con el artista Zocchi los detalles concernientes a la ejecución de esta obra, contribuye con un fuerte donativo y coloca la piedra fundamental en unión de los presidentes argentino y chileno y del representante de la corona de Italia, embajador extraordinario Fernando Martini. Quien tal hace para fortalecer los vínculos afectivos entre la patria de nacimiento y la tierra de adopción, no puede descuidar ni las duras calamidades que sufrió la Italia meridional, con los terremotos de la Calabria, ni los momentos de apremio por que pasaron las finanzas argentinas a raíz de la crisis del 90. Así le vemos concurrir con un cuantioso donativo para mitigar el dolor de la patria lontana, aportar ingentes sumas en ocasión de la guerra ítalo-turca y de la actual conflagración, suscribiendo con espontaneidad y magnificencia todos los empréstitos italianos y poniéndose como el primer italiano de la República, a la cabeza del comité italiano de guerra, destinado a subvenir al sostén de las viudas y huérfanos de los que cayeron inmolados en aras de la patria. Y le vemos también, en 1891, cuando el gobierno argentino, haciendo un llamamiento al patriotismo nacional, lanzó un empréstito popular interno, suscribiéndose con 500.000 pesos, cooperación que le colocara en los primeros puestos entre los contribuyentes particulares.

No es extraño, entonces, que esta descollante figura, mientras conquistaba la gratitud y el sentimiento argentinos para el juicio desapasionado de la posteridad, cosechara para su ejecutoria de gran hijo de Italia gloriosa, los timbres honoríficos con que premiara el rey sus virtudes, puestas al servicio de la humanidad y de la patria: caballero de la orden de la corona de Italia, de la orden del mérito del trabajo y de la orden de San Mauricio y San Lázaro; comendador de la Corona, gran Oficial y finalmente el título nobiliario de conde. No puede pedirse una demostración más elocuente ni un juicio más definitivo en la consagración de sus méritos.

Y fué, en ocasiones, diplomático habilísimo y sutil. Su don de gentes, su gran tacto, de hombre de mundo, le valieron un éxito de discreción y buen tono con motivo del desentendimiento que hubo de producirse a raíz del rechazo, por parte del congreso nacional, de la obra pictórica del miniaturista Nestor Leoni. Allanando la molesta situación de los que habían intervenido en esta adquisición y haciendo, al propio tiempo, honor a la celebridad del artista, adquiere para sí el valioso trabajo en la suma de 100.000 pesos. Y como un corolario dignificante de tan caballeresca gestión, dona al gobierno nacional el bello trabajo, enaltecido en su confección artística por el símbolo sugerente de la constitución nacional. He ahí una gentileza de gran señor que dá medida de un delicado “savoir faire” y de una nota de diplomacia fina y sagaz.

Estos son, en síntesis, los rasgos salientes de don Antonio. Fué un precursor, un augur, si cabe el vocablo, que anticipó con rara intuición el porvenir de la República. Modelo de carácter y laboriosidad, jamás el triunfo le abandonó en el camino, por que tenía la noción exacta de su peso moral. Como si hubiera nacido en esta tierra, fué nuestro en cuerpo y alma. Tuvo el don de la modestia para hacer el bien y la aristocracia del espíritu para crearlo. Fué, sin duda, un espécimen en todo. No se amenguarían las figuras de Smiles si lo recogieran sus páginas. Y con seguridad que superaría a algunas de aquellas vidas ilustres.

La muerte le toma incansado, tenaz y valeroso, como la tempestad a la encina.

Ahí queda su obra. Y sobre todo, su gran obra en las pampas maravillosas del norte.

Vocabulario

Contextura. Organización, combinación, composición, disposición conjunta de las partes de un todo.

Intuitivo. Que produce la comprensión clara, fácil, cierta de una verdad.

Inductivo-deductivo. Razonamiento y consecuencia o resultado sobre una cosa o acción.

Motriz. Que se mueve, que engendra e imprime movimiento.

Alberdiana. Propia de Juan Bautista Alberdi, eminente pensador argentino.

Escepticismo. Incredulidad, duda de todo.

Argonauta. (Tomado, en este caso, en sentido figurado). Capacitado para afrontar con valentía, serenidad e inteligencia, empresas de importancia.

“Self-help”. Expresión inglesa: que significa la ayuda que a sí mismos se dan los hombres emprendedores activos. Pronúnciase: self-jelp.

Acepción. Modo en que se interpreta un concepto.

Dinámico. Que engendra o produce fuerza.

Acueducto. Conducto de agua; especie de canal subterráneo, construído de piedra de sillería o de cal y canto.

“Faubourg”. Palabra francesa que indica barrio apartado en una gran ciudad. Generalmente se sobreentiende que se trata de un barrio habitado por gente rica. Pronúnciase: fobur.

Munícipe. Concejal, miembro de la municipalidad.

Dádivas. Regalos, presentes, donativos.

Filantrópicas. De “filantropía”: amor a la humanidad.

Peculio. El capital propio de uno.

Irroga. Causa, ocasiona, acarrea, produce.

Lontana. Lejana.

Ingentes. Muy grande.

Ejecutoria. Título que acredita nobleza.

Pictórica. Se refiere a la pintura.

Augur. Adivino, profeta.

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