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Nuestra Pampa

by W. Jaime Molins

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Una estancia moderna

Nuestra excursión a través de los grandes establecimientos pecuarios del Norte, la iniciamos por la Gwenita, de don Federico W., a seis leguas de General Pico. Va en nuestra compañía, un veterinario del Departamento Nacional de Ganadería, y cuyo tecnicismo profesional contribuye muy eficazmente a facilitar nuestra tarea investigativa.

Es bello el conjunto de la estancia, con edificios cómodos y arbolados elegantes y tupidos. Cruzamos la tranquera de servicio y vamos a detener nuestro auto frente al galpón de los aperos, donde el señor Ff., el principal, departe con el mecánico del establecimiento. El señor F., tipo adusto, nos recibe con dosificada discreción, casi con sequedad. Ya veníamos olfateando un poco de excentricismo en la mansión: primero, cuando quisimos franquear la avenida, limpia y ensombreada, y un zagal nos cortó el paso. “¡Vaya—pensamos, para nuestro fuero íntimo—la escalera de honor de la Opera de París!”... Y buscamos el rodeo, junto a las cuadras—la gatera, como quien dice—para llegar al administrador. Luego, el mismo nombre del establecimiento, completaba su nota de rareza: La Gwenita. ¿Qué quiere decir La Gwenita? Nada. Ni en inglés, ni en criollo... Después el señor Ff. entra por fin en juego. Se abre, como quien dice. Pone en su expresión un poco de amabilidad, tal vez una sonrisa. Se sienta sobre el escritorio para darnos algunos informes. Nosotros trepamos el pie sobre la silla, para recogerlos campechanamente en nuestro cuaderno de apuntes. No se puede pedir más francachela en esta inocente pampasia, enclavada en el corazón de “South América”...

Después hemos sabido que bajo este temperamento aparentemente hosco y retraído, se oculta un “gentleman”, humorista, inteligente y mordaz, epigramático más que aticista, supuesto que no le ayuda el idioma. Hasta nosotros ha llegado esta anécdota de corrillos:

Un amigo le dice al señor Ff.:

—¿No le parece, señor Ff., que la Pampa debe ser declarada provincia? Un territorio tan rico...

El señor Ff., como buen súbdito británico, sabedor de que “las colonias son siempre las colonias”, responde:

—Lo que yo crrrreo que necesita la Pampa es un tirano... ¡qué caramba!

—Pero un territorio tan rico, tan grande...

—Bueno: si es tan grande, métale dos tiranos.

Esto, como opinión sin argumento, es lapidario, admirable. Lo que sería curioso conocer es la explicación que daría el señor Ff. cuando algún otro amigo de su cenáculo, le interrogue sobre la razón de las dos primeras efes de su apellido, frondoso derroche de consonantes, que obedecerá, tal vez, a un rasgo de buen humor...


Comprende el campo de La Gwenita, una superficie de 9.000 hectáreas, de las cuales 8.000 están bajo cultivos, con espléndidos alfalfares. El establecimiento comprende cabaña e invernada. Sus ejemplares, en tipo Durham, son de la más noble procedencia. La cabaña se inició hace nueve años con toros y vaquillonas, puros por mestización de Chapadmalal. De entonces a la fecha, se ha puesto en práctica los mejores procedimientos aconsejados por la zootecnia para la selección y refinamiento, con padres importados directamente de Inglaterra. Sobre esta orientación, base de una administración inteligente, no es extraño que se hayan obtenido los más altos rendimientos en carne y los precios más lucrativos. El peso de cada ejemplar de este establecimiento, en vacuno, tipo frigorífico, oscila entre 680 y 840 libras, habiéndose obtenido en 1915 precios de 190 a 200 pesos como máximo.

En la actualidad La Gwenita posee alrededor de 5.300 cabezas de ganado vacuno y 3.000 lanares. El máximo de bovinos lo alcanzó en 1915 con 6.000 cabezas.

—Nuestro negocio—nos dice el administrador—lo mantenemos especialmente con los frigoríficos. La cabaña es un derivado de la invernada. Pesos y tipos buenos es lo que nos proponemos mantener y perfeccionar, si es posible. Y siendo este un permanente interés nuestro, creemos inoficioso enviar a las exposiciones, ejemplares de La Gwenita.

“Excuso decirle—agrega el administrador—que tomamos severas medidas contra los flagelos del ganado—el carbunclo y la mancha—comprando los animales reproductores, tuberculinizados ya.”

Visitamos el corral de los toros importados. A esa hora los requisa el galponero. La presencia del veterinario se hace notar entonces sobre el terreno de su profesión. Siempre alguna dolencia, por leve que sea, llena de inquietante zozobra al cuidador y al dueño. Un toro fino, tiene a veces el valor de un edificio y una insignificante afección, suele ser como la gotera que si no se atiende desfonda el techo de la casa más fuerte. Hay algunas dolencias en el plantel. Un magnífico toro rosillo manquea ligeramente. El cuidador ignora la causa. El técnico la previene y diagnostica. Tiene una tumefacción entre las pezuñas de la mano derecha. El profesional aconseja el tratamiento. Otro toro, al orinar, se encoleriza y patea. Tiene también para este noble enfermo su prescripción facultativa el veterinario.

Del local de las bestias finas, que no por ser pocas dejan de valer una fortuna, pasamos al campo abierto a visitar los silos, los reservorios de forraje. El silo aéreo de cemento, de este establecimiento, es de lo más moderno, resistente y lujoso que se conoce. Consta este depósito, de forma cilíndrica, de 29 pies de alto por 4.50 metros de diámetro. Sobre un armazón de varillas de acero, se han afirmado los bloques de material compuestos de piedra molida, portland y arena de Montevideo. Una máquina trituradora de alfalfa, movida por un motor Triunfo, de 18 H. P. y marca Ohio, a la cual está acoplado un ventilador, eleva el forraje hasta la ventanilla superior del recipiente. No se usa de prensaje para el pasto. Lleno el silo, y cerrado herméticamente, cosa de evitar la influencia del aire, tres meses después está en condiciones de ser utilizada su alfalfa.

La distribución de forraje se hace por una serie de ventanillas escalonadas y a resguardo del viento, mediante un buzón acoplado al silo a manera de chimenea y verticalmente.

Después, recorremos los potreros, en donde la alfalfa se prodiga muelle y uniforme. ¡Qué espléndida está la pradera! Es un verdadero espécimen de la región este campo, en donde la proximidad del agua—de 5 a 8 metros—y la falta de tosca, ha podido arraigar el forraje en lozanía extraordinaria. En uno de los potreros que cruzamos, pace la majada de romney marsch, difundida en tipos corpulentos y apelotonados de gordura.

Visitamos luego los silos del subsuelo, verdaderas tumbas de alfalfa, en donde se conserva el forraje por un procedimiento más económico, más simple y quizá tan práctico como en los silos aéreos.

Una hora más tarde, después de haber visitado las maestranzas y el galpón de esquila, donde las máquinas esquiladoras se desenvuelven con sus 120 ovejas por tijera y por día, emprendemos nuestro viaje a Santa Aurelia, donde almorzaremos. El señor Ff. nos insta para que le acompañemos a su mesa. Su retracción primitiva ha ido atemperándose con el roce de la mañana hasta convertirse en amable camaradería. Lamentamos no acceder a su invitación porque probablemente hubiéramos hecho buenas migas. Nos reclamaba la tarde en Santa Aurelia y Trebolares.

Vocabulario

Pecuario. Lo perteneciente al ganado.

Dosificada. Expresión figurada: cantidad pequeña.

Excentricismo. De “excéntrico”: raro, extravagante.

Zagal. Muchacho que ha llegado a la adolescencia.

Hosco. Huraño, agrio, seco.

“Gentleman”. En inglés: caballero. Pronúnciase: Yéntelman.

Gatera. Agujero en las puertas, ventanas o paredes, para que puedan pasar los gatos.

Francachela. Holgorio, diversión ruidosa.

“South América”. En inglés: América del Sud. Pronúnciase: sauz américa.

Humorista. Festivo, bromista.

Mordaz. Se dice de la persona que habla en forma hiriente.

Cenáculo. En sentido figurado: los amigos y compañeros de mayor confianza.

“Durham”. Nombre de una raza vacuna inglesa. Pronúnciase: dóram.

“Romney Marsh”. Nombre de una raza ovejuna inglesa. Pronúnciase: romi marsh.

Epigramático. Satírico; el que hace epigrama.

Aticista. El que habla con lenguaje pulido y elegante.

Lapidario. Definitivo, sin vuelta.

Zootecnia. Ciencia del cuidado y cría de las razas animales, como industria.

Tuberculinizados. Se dice de los animales a los que se ha inyectado la tuberculina, suero contra la tuberculosis.

Diagnóstico. De “diagnosticar”: averiguar, por los síntomas que un enfermo presenta, cual es la enfermedad que padece.

Tumefacción. Hinchazón y endurecimiento de una parte del cuerpo.

Longevidad. Larga vida.

Bastardeada. Desnaturalizada, degenerada, alterada.

Fragoso. Terreno abrupto.

“Se non e vero”. Expresión italiana (“Se non e vero e ben trovata”...): Si no es cierto (tal cosa), está bien hallada o traída.

“Herd”. Palabra inglesa: rebaño. “Herd-book” es el registro genealógico del ganado vacuno de razas finas. Pronúnciase: jer buk.

Almiar. Parva.

Terraza. Especie de plataforma descubierta, encima o al lado de un edificio.

Semental. Padrillo.

“Malgré”. En francés: a pesar.

Pulcritud. Aseo esmerado.

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