Better Gutenberg
Free, beautifully formatted public-domain ebooks
‹Better GutenbergNuestra PampaNiños y escuelas · 59 of 77Contents›

Nuestra Pampa

by W. Jaime Molins

59 of 77 · Contents · Download EPUB

Niños y escuelas

El proceso escolar que viene desenvolviéndose en la Pampa, no se puede concebir sino sobre la base de la evolución agrícola. Es un problema sociológico que sólo el tiempo podrá resolver. País de inmigración por excelencia, mientras el consorcio de los pueblos sea en su seno una amalgama y no una fusión, mientras el entrevero no haya fijado en definitiva el tipo pampeano—que será sin duda, de tez morena y ojos claros—mientras un régimen social no concierte los fundamentos básicos de la colectividad y se codeen a la ventura, razas, lenguas y religiones, no pasarán de ensayos precarios las tentativas de armonización, de étnica fundamental. Pero como quiera que es mucho pedir la sustanciación de este proceso, no abreviado en América ni con la civilización vertiginosa de los Estados Unidos, tomemos la Pampa tal como se presenta en su florescencia virginal, mientras se asientan en su seno los pueblos inmigrantes, y los factores tiempo, ambiente, convivencia y legislación se encargan de plasmar su arquetipo.

Lo que no admite discusión es que el proceso evolutivo se ha comenzado ya, a raíz de los primeros cimientos. La generación pampeana de hoy, que recibe los beneficios de la enseñanza pública, es decir, el primer germen de la vitalidad autóctona del territorio, se significa en un sello propio de inteligencia y sagacidad. La explicación de esta premisa está en el dominio de la psicología elemental. Todo pueblo migrador es inteligente. Los pueblos estacionarios, incapaces de difundirse por el orbe, son por lo común, retrógrados. Sólo el indolente o el chato, se muere de viejo en su fanegada del valle, sin alzar la cabeza por sobre la montaña para mirar el horizonte azul donde se extiende el porvenir. Un hombre pobre, ruso o español, italiano o inglés, que cruza con su familia el mar, en viaje a lo desconocido, buscando un horizonte para labrar fortuna, es una fuerza, es un carácter. Y de esta clase de hombres está poblada la Pampa, esa gran Pampa, que consagra hoy el vaticinio augural de ser “nuestro más pingüe patrimonio”. Y si esta es la simiente esparcida por todo el haz del territorio ¿cuáles serán los frutos que cosechará el porvenir? Ya se diseñan; ya los encontramos por los campos en las faenas rurales, en la brega ardorosa; ya los sentimos en el trajín de los negocios y en el dominio esforzado de la tierra sin mancilla; ya los vemos—bravos mocetones—en los predios civilizados de la colonia y en la cabaña—técnicos y no rutinarios, agricultores y no labriegos.—Pero donde el espectáculo de esta naciente uniformidad se presenta augural y tonificante por el sello inconfundible de su argentinismo promisorio, es en las aulas de la escuela nacional. Aquellos niños rubios o morenos, de ojos azules o castaños, hijos de españoles o italianos, alemanes o rusos, católicos, protestantes o judíos, pampeanos todos, se unifican al pasar por el crisol de la escuela. ¡Y qué almácigo! La semilla, fecundizada por el trabajo, eclosiona en la brava progenie en cuyas manos y en cuya inteligencia la constitución nacional confiará el porvenir de una de las primeras provincias argentinas.

La colonización de la Pampa se ha venido produciendo en forma análoga aunque superior a la de Estados Unidos. Aquí está el “Far West” argentino en vías de moldear sus improvisaciones y manifestarse en la mayoridad otorgada por las fuerzas vivas que se desenvuelven en su seno. Ha alcanzado una etapa en su desarrollo; y si hasta ayer libró sus energías a la ruda labor de la tierra, comienza hoy a sentir preocupaciones de carácter institucional y político, síntoma elocuente de que acaba de terminar el proceso vegetativo de su organización, y siente, como el árbol, la necesidad de florecer y fructificar. Su población no es ya el componente del híbrido, segregado de todas las latitudes, incapaz de la convivencia redentora por la acción del trabajo. El sedimento que nos trajo Europa en su marejada, a semejanza del desborde de los grandes ríos, ha dejado su barro fertilizante en las campiñas, y es azul en los linos, oro en las mieses y verdura en los alfalfares. Y ninguna población más valerosa que este pueblo colonizador que acaba de asegurar su estacionamiento definitivo en el territorio. El agricultor pampeano no tiene reatos para sus cultivos. Se extiende con energía y con abundancia, en la seguridad que ha de conseguir su independencia económica. Si persevera y salva su situación, se enriquece; si fracasa no se siente vencido ni se acobarda. El horizonte se abre como una providencia a su brazo y a su iniciativa. Y como la ayuda oficial fué siempre relativa—precaria a veces—hay un orgullo ingénito, trabajo personal, a la obra privada de cada colono. Y como el territorio es tan grande, tan generoso, tan pródigo en tierras de panllevar, si la suerte es avara en un sitio, se recurre a otro. Basta esta ligera semblanza para orientar el juicio sobre el temperamento de la masa escolar, retoño de buscavidas y base de una raza armoniosa, que ha de manifestarse en el porvenir con estas cualidades máximas: valor, inteligencia, sagacidad.

En nuestro viaje de estudio a través del territorio, hemos visitado numerosas escuelas, comprobando la existencia de estos elementos básicos que definen los prodromos de un pueblo homogéneo, a pesar de la diversidad de sus componentes. En todas partes hemos encontrado niños decididos, inteligentes, cuidadosos; audaces y no gazmoños; activos y no escurridizos ni negligentes. Y este patrón del mundo infantil es universal en el territorio. Lo hemos comprobado en la observación y el ejemplo. Un distinguido hombre público que visita una escuela infantil, elije al azar, entre los educandos de una clase inferior, un niño.

—Escriba en el pizarrón esta frase—le dice.

Y le dicta:

“La Pampa, por la bondad de su clima y la feracidad de su suelo, está llamada a ser una de las primeras provincias argentinas.”

El niño, sin vacilar, escribe de corrido. Al llegar a la palabra “feracidad”, se detiene. Recuerda de un tirón la frase, pero no ha colegido bien la vocalización de esta palabra. Es listo, pero teme el error, por propia emulación de sus camaradas, por orgullo instintivo. El mentor, que penetra la lucha interna del rapazuelo, se apresura a repetir la frase, puntualizando los sonidos de la palabra “feracidad”, desconocida para el alumno. Y basta el detalle para salvar el obstáculo hasta el final, sin un error.

—¿Y por qué será la Pampa una de las primeras provincias argentinas?—interroga a la clase el improvisado preceptor.

—Porque la Pampa tiene que ser provincia—responde sin discrepancia el concurso infantil.

Entrar en detalles sería inoficioso. Saben los niños que “ser provincia” es más que “ser territorio”; y ellos, que son argentinos, como los demás hijos de la nación, no pueden admitir que aquel “gran territorio” no pueda “ser provincia”. Es una lógica de hierro.

Ejemplos parecidos a este que dan medida del espíritu abierto de la masa infantil, hemos podido observar en toda ocasión y en todo lugar. El sentimiento suele tener a flor de labio la expresión despectiva de “la Pampa siempre es la Pampa”—por desconocimiento craso de este territorio y de la levadura que se amasa en su seno—debía sentir la arrogante respuesta franca y honda, de sus niños, cuando se les interroga sobre el lugar de su nacimiento: “¡soy pampeano, señor!”—con todo el orgullo de un hijo de la república de los Gracos: “ciudadano de Roma”...

Y nada de extraño tiene esta característica, que semblantea las aristas firmes de este pueblo. Los niños de la Pampa no sólo son localistas por atavismo, por ambiente y hasta por necesidad, si se quiere, si no también por instrucción. La escuela normal de Santa Rosa que constituye el organismo educacional más completo del territorio, da su cosecha anual de maestros, pampeanos todos, y que se diseminan por la Pampa a cumplir su apostolado. Nada más lógico que este granero magisterial, lleve su amorosa semilla a todos los ámbitos del terruño e inicie a sus niños en el afecto nativo, capaz de ser más grande cuanto más alejado se ve al territorio del concierto fraternal dentro de los destinos de la nación.

La escuela normal se fundó en 1909, el 28 de junio, con carácter de escuela rural, con dos cursos. En 1914, bajo la administración del consejo nacional, se completó con cuatro cursos. Este establecimiento ha dado maestros rurales en 1910, 11, 12 y 13. El año 1914, que correspondió a la reforma, no diplomó. En 1915 y 1916 dió los primeros maestros normales. De entonces a la fecha, han egresado numerosos maestros. El primer grupo fué de 5; el segundo de 10. El año anterior—1917—se han recibido 18. A estos resultados hay que agregar los maestros rurales del comienzo. El personal docente fundador de la escuela, estuvo constituído por profesores normales para los cursos superiores y maestros para los grados de aplicación.... Actualmente, en el personal hay dos médicos, dos abogados, un doctor en filosofía y letras, profesores normales, profesores de enseñanza secundaria y algunos maestros normales. Del sexo de los maestros normales que se forman en esta escuela, un 90 por ciento corresponde al femenino. En los cursos de aplicación están equilibrados.

El colegio nacional, que está llamado a desempeñar un papel importantísimo en el territorio como base de cultura profesional, ha comenzado recién su primer curso. Su primer aula se ha llenado de educandos. Este año se tonificará con nuevos elementos que han salvado su instrucción preliminar. Debemos hacer notar que había un poco de pesimismo a raíz de la fundación de este establecimiento. Este ambiente de resistencia, se afirmaba en el precedente de otras localidades. En la mayor parte de las capitales de provincia, al inaugurarse sus colegios nacionales, rara vez se pudo ordenar de inmediato el funcionamiento de su primer curso, dado la escasez de educandos. El colegio nacional de Santa Rosa resultó una revelación en tal sentido, pues su registro de matrículas cubrió con creces el número requerido para comenzar las clases con regularidad.

En el territorio de la Pampa hay más de 100 escuelas de carácter y dependencia nacional. El personal de todas, sin excepción, es diplomado. Los maestros están equiparados a los de la capital federal, con sueldos correspondientes a las categorías 1.ª, 2.ª y 3.ª: 240, 216 y 190 pesos, respectivamente. Es decir que tienen haberes más remunerativos que los de las escuelas Láinez. Una característica que hemos podido comprobar, es que el personal docente de las escuelas es homogéneo. Hasta el seno de la escuela no ha llegado aún la influencia política, lo que no puede decirse de la mayor parte de las provincias. Los establecimientos de educación tienen carácter idéntico a los de la provincia de Buenos Aires, y es común encontrar escuelas con personal preparadísimo y en donde la enseñanza sigue el camino progresivo de las mejores iniciativas. No faltan los edificios de primer orden como el de la escuela elemental de Santa Rosa, donde se han llenado cumplidamente las necesidades de la pedagogía moderna; ni edificios primorosos como la escuela de Santa Aurelia, en Pico; ni establecimientos donde al buen local y mejor enseñanza, se une una otra segunda escuela de la palabra escrita—el periódico infantil—como ocurre en la urbana de Jacinto Arauz.

La acción privada, contribuye por otra parte, muy eficazmente a la cultura del mundo infantil. Son numerosos los establecimientos particulares distribuídos en los principales núcleos de población. Pero como tipo-modelos, ahí están las escuelas salesianas con asiento en diversas poblaciones y en donde una numerosa masa escolar recibe instrucción sana y fecunda. La escuela salesiana de General Acha, que hemos tenido oportunidad de visitar, es un establecimiento de primer orden y nos hacemos un deber en aseverarlo, desposeídos de todo prejuicio.

No hemos de entrar en mayores detalles sobre la instrucción pública en el territorio. La organización completa del organismo escolar llenará los claros paulatinamente. Lo importante, lo inmediato y que corresponde al campo de la sociología, es saber que en la entraña de este gran territorio, se está fundiendo una raza nueva que será, tal vez, la más definida de todas en nuestras provincias. Y si por sus contornos generales encontramos que el entrevero moldea y uniforma su étnica especial, no hay razón para pensar que el pueblo que sabe organizarse por sí mismo no esté capacitado para gobernarse por sí mismo dentro de las mayores franquicias de la constitución.

Vocabulario

Evolución. Desarrollo gradual de una cosa.

Sociológico. Perteneciente a la sociología.

Consorcio. Unión.

Amalgama. Mezclas del mercurio con los metales, formándose nuevos cuerpos. Está usada en sentido figurado.

Fusión. Efecto de fundir o fundirse. En el sentido del texto significa la unión íntima de gentes de distintas razas.

Entrevero. Mezcla.

Vertiginosa. Tan rápida que produce vértigo.

Plasmar. Formar.

Arquetipo. Modelo.

Sagacidad. Astucia y prudencia de ciertas personas, que les permiten darse cuenta rápida de las cosas y aun preverlas antes de que ocurran.

Premisa. Afirmación.

Orbe. El mundo.

Chato. De cortos alcances y sin energía.

Fanegada. Chacra pequeña.

Vaticinio. Profecía.

Haz. Conjunto.

Diseñan. (Ya se). Ya se advierten.

Brega. Lucha.

Trajín. Actividad.

Promisorio. Que es una promesa.

Crisol. Vasija que resiste mucho la acción del fuego y que sirve para fundir los metales, el vidrio, etc. Está en sentido figurado.

Eclosiona. Revienta, brota, aparece, se muestra.

Progenie. Prole, descendencia, los hijos.

Etapa. Grado.

Fructificar. Dar fruto.

Segregado. Separado.

Redentora. Que redime.

Sedimento. Residuo, sobrante.

← Back to Nuestra Pampa

Scroll to Top