Los ferrocarriles pampeanos
La red ferroviaria de la Pampa está dispuesta a los grandes destinos. Dos sistemas, colonizadores ambos e igualmente benéficos, han extendido su raigambre por todo el territorio. La condición de cada una de las zonas que benefician y la ubicación de los puertos a donde converge la cuantiosa producción cerealera, han definido perfectamente las comarcas de influencia, ajenas a toda previsión. El Oeste es un ferrocarril afluyente; el Pacífico, un ferrocarril exportador. Nervio esencialísimo del gran sistema del Pacífico, es la línea de Villa Dolores a Bahía Blanca, que se quiebra en Watt y que moviliza la más completa región agropecuaria del país, toda una trayectoria sin desperdicios que toma la región pastoril de San Luis, de Córdoba y la Pampa; cruza los campos agrícolas del oeste de Buenos Aires, corre el meridiano 5.º y va a rematar a los tinglados de Puerto Galván. Irradia desde esta gran arteria el sistema triangular de ramales Toay-Catriló-Bahía Blanca, que ha operado el impulso definitivo de una rica comarca, con sectores apropiados al servicio de una nutrida colonización.
El Oeste, extendido como un amplio abanico, de Colonia Alvear a Santa Rosa, parece orientado en el sentido de la gran travesía. El Pacífico, sin embargo, le sale al paso y tienta su línea transversal, proyectada de Toay a San Rafael, buscando salida portuaria para las nuevas colonias. El Oeste no puede detenerse ni en Telén ni en Toay. Su rumbo está al oeste, al riñón del territorio, sembrando pueblos. Y nada de difícil sería que a este sistema le estuviera reservado el esfuerzo más trascendental en la conquista del riel, dentro de la Pampa: su intersección con Cipoletti, atraído por la feracidad de la mesopotamia del Río Negro, o su travesía en línea recta hacia el sur mendocino. Con esta expansión ferroviaria, que viene preparándose para el futuro, por comprensión geográfica y por propio espíritu de conservación comercial, habrá, la obra de las grandes empresas, cerrado el ciclo de conquista y colonización que arranca desde la campaña al desierto. Y en verdad que estará en el interés de cada ferrocarril extender en lo posible sus líneas avanzadas hacia el oeste, centro de futuras poblaciones y de una nutrida colonización.
La política ferrocarrilera del país tiene analogía con la que se ha venido desarrollando en los Estados Unidos. El interés particular de las empresas ha hecho la obra. Y debemos confesar que lo ha hecho con tino, con prudencia, con clara visión, creando y fomentando el interés particular y el del Estado. Y es digno de mencionarse que en nuestro país no ha ocurrido el fracaso ostensible de tener que levantar rieles por improductibilidad de las líneas, espectáculo muy común en los Estados Unidos del Norte, cuando el capital invertido en un ferrocarril particular, no compensa las exigencias del interés. En estos últimos años son numerosos los pequeños ramales construídos en el territorio de la Pampa. Es un sistema original, a retazos, en crecimiento por yuxtaposición sobre las líneas matrices. Son los ramales leñateros destinados de inmediato a desmontar los predios boscosos allanando la tierra para la colonización y el poblado. Y ocurre, que como a renglón seguido de la explotación forestal, se apoderan las sementeras del campo desbrozado, el ramal, que fué una improvisación, se hace una necesidad para levantar las cosechas. Y la línea circunstancial, queda, en definitiva, ampliando a tramos, el gran sistema. Por este procedimiento—no hay que ponerlo en duda—irán las empresas conquistando el oeste, con su tejido de malla, buscando la leña para sus locomotoras y abriendo nuevos horizontes a las industrias rurales.
El desarrollo sorprendente de la Pampa, se difunde en forma tan decisiva hacia el interior, que tiene que provocarse lógicamente esta lucha de intereses entre las dos empresas: la una sirviendo la zona del Norte, con la cercanía de Buenos Aires; la otra, con su influencia distribuída en el sur y camino a los puertos de aguas hondas. Condiciones más o menos análogas, equilibran el prestigio y la acción de ambos ferrocarriles: el Oeste, con 740 kilómetros; el Pacífico, con 640. Las dos empresas se han dado cita en Toay, punto medio y equidistante del sistema pampeano. ¿A qué empresa le está reservada la travesía definitiva hasta la confluencia del Negro y el Limay, atravesando diagonalmente el territorio? Cuando esto ocurra, no sólo se habrá dado el paso más serio en la campaña civilizadora, sino que se habrá abierto a Buenos Aires una nueva ruta hacia Chile, evitando la comba del ferrocarril del Sur por Bahía Blanca, destinada, eso sí, a importantes servicios territoriales en Río Negro y Neuquén. Ya la línea del Sur ha ganado airosamente la frontera por Pino Hachado. El esfuerzo chileno tienta la combinación con su transversal por Temuco, como un nervio de su sistema medular, destinado a dar horizonte a sus puertos de Talcahuano y de Valdivia. Vemos, pues, que esta gran expansión al sudoeste, no sólo es de beneficio pampeano, sino que es de trascendencia nacional. No creemos que los resultados de este trasandino puedan ser de grandes ventajas para el comercio internacional. Tenemos el ejemplo evidente de la línea por Uspallata, sujeta a los accidentes geográficos y meteorológicos: cara, deficiente, tiránica, imposibilitada a veces, en su función por los temporales de invierno, al extremo de haberse vulgarizado en Chile—lo hemos leído en sus órganos de publicidad—la manifestación de que anteriormente con sus correos a mula estaban mejor servidos, por lo menos en la regularidad de la travesía y en el transporte de la correspondencia. Chile, con su línea por Temuco, a medio construir, tiene fe en abrirle un grandioso porvenir a su industria maderera. Ojalá no se equivoque. Mientras tanto, para nosotros, esta línea tendrá la importancia de un vínculo internacional.
La solución inmediata para el territorio pampeano, en lo que respecta al expandimiento de sus ferrovías, corresponderá a la competencia de las dos grandes empresas, competencia en tarifas, en servicios y en difusión. A medida que el Oeste avanza en líneas concéntricas sobre Buenos Aires, el Pacífico se desparrama en idéntica irradiación sobre Bahía Blanca. Y donde se cruzan, allí se entabla lucha de competencia. En cada intersección se pone en juego la prepotencia de los contendores. Se compite noblemente y se toman posiciones. No se dan tregua en el avance. Cada nuevo ramal se estira sobriamente pero sobre seguro. Y el primero que gane los campos semipoblados del occidente—es probable que esto ocurra dentro de muy breve plazo—afianzará sobre el esfuerzo inmediato el éxito más definitivo en el porvenir.
Vocabulario
Converge. De “converger” o “convergir”: dirigirse a un mismo punto dos o más líneas, dos o más corrientes comerciales.
Sectores. Zonas dependientes.
Intersección. El cruce de dos caminos, de dos ferrocarriles, etc.
Desbrozado. De “desbrozar”: quitar del campo los yuyos y malezas.
Tramos. Trecho. “A tramos”: por trechos sucesivos, poco a poco.
Análogas. Parecidas.
Equidistante. A igual distancia.
Concéntricas. Que tienen un centro común.
Prepotencia. Gran poder; poder superior al de otros.