Una invernada perfecta
“Santa Catalina” constituye, como establecimiento ganaderil, el tipo perfecto de la invernada. A semejanza de los grandes “ranchos de cebo” de Estados Unidos, Santa Catalina tiene su “rancho de cría”, es decir su campo generatriz. Como en el Norte lejano, los vacunos que se tonifican con forrajeras nobles y con salvado en las estancias de Nebraska, para lucirse después en los “stock yards” de Chicago, fueron la misma hacienda cerril y flaca de las praderas del Wyoming. Santa Catalina tiene este complemento a manera de “almácigo”, si cabe la expresión: la estancia El Campamento, en el sur de Mendoza.
Es sencilla la rotación de las haciendas, en este procedimiento combinado de crianza y engorde. El Campamento, cuyos ganados proceden de Santa Catalina y son hijos de toros importados, surte a este establecimiento con 2 o 3.000 novillos por año. Con dos años de invernada en Santa Catalina, queda esta hacienda apta para el frigorífico, con rendimiento de un “chilled” excepcional en calidad y gordura. Las vacas viejas, una vez paridas y producido el destete de sus crías, pasan a la venta, mientras sus becerros son llevados al campo de crianza, de cuyas vegas silvestres tornarán, dos años después, en la remesa anual de novillada. Actualmente, en Santa Catalina hay 1.300 vacas en estas condiciones, muy próximas a la hora fatal del matadero.
Con sumo placer hemos realizado una visita a Santa Catalina. En breve tiempo hemos salvado las seis leguas que nos separan de Pico, volando en automóvil por el camino accesible y llano. Se derrocha el sol coruscante de la mañana. Se engalanan las vegas con margaritas purpúreas y blancas, mientras las flores azules de los linos, dan la nota amable del comienzo de la primavera. La estancia, que emerge del arbolado como un nido, se baña en sol y en rosas. Suben los escaramujos por los espalderos del corredor constelados de flores en donde el rojo se prodiga en toda la gama, del pálido al carmín.
El jardín, de cotos nuevos, recién trazado, se insinúa en elegantes dibujos, dando estilo al parquecito europeizado, de geométricos camellones. Adivinamos el espíritu femenil que da vida a estas bellezas subjetivas, a trueque de la aridez industrial que supone el importante establecimiento.
La expansión de la mesa, nos revela después el secreto de esta nota floral, risueña y pródiga. La esposa del señor Gerardo G., finísima y espiritual dama rosarina, que cultiva sus niños, flores del hogar, debe también prodigar su afecto al jardín.
El señor G., caballero argentino, muy gentil, que con inteligente dedicación, administra el establecimiento, nos dispensa su más benévola acogida. Después del almuerzo pasamos a recorrer las diversas dependencias de la estancia. Nos llama la atención, en primer término, el monte umbroso y joven que espalda el edificio, y en donde una plantación de 7.000 árboles, da sombra y perfume y atempera la irascibilidad de los vientos: eucaliptus, álamos, ligustros, paraísos, moreras, acacias, pinos y plátanos, en razas promíscuas, se han reunido en civilizada floresta, prometiendo arraigarse y convivir. Y junto al monte de adorno y de reparo, se difunde el huerto de manzanos, durazneros, nísperos, perales...
Santa Catalina tiene una extensión de 6.600 hectáreas. El primer poblador de estos campos fué don Wilfredo B. (argentino), hace once años. La nueva estancia, data de siete años. Toda la superficie está subdividida en 46 potreros, con 17 molinos, con tanques australianos.
Actualmente el establecimiento posee un plantel de 400 vacas puras Durham, con ocho toros a galpón procedentes de Inglaterra y de grandes cabañas argentinas. Hay más de 5.000 novillos en los diversos potreros, hacienda que paulatinamente pasa a los frigoríficos La Blanca y La Plata, embarcada por las estaciones Agustoni y Mira Pampa.
El sistema de alimentación y las prescripciones higiénicas puestas en práctica con todo rigor, constituyen la base del éxito en las ventas, por excelencia de tipo y calidad. Rara vez se produce en frigoríficos el rechazo de un ejemplar de Santa Catalina, obteniéndose precios que oscilan entre 160 y 200 pesos, con densidades de 720 a 750 libras de carne limpia. Las haciendas a invernada son mantenidas con la variedad posible de forrajes, alternando alfalfa verde con seca y silo y avena o centeno, cosa de no fatigar al animal con una alimentación única. Los preceptos de la zootecnia hacen lo demás, utilizándose, al efecto, cómodos y modernos bretes para baños preservativos de sarna y de parásitos, y además, para la higiene, en la oportunidad del peleche. Los sementales vacunos son utilizados exclusivamente para el servicio del establecimiento. No se exponen ni se envían a certámenes ganaderos. Si exceden del número necesario, se venden, pero como excepción.
En yeguarizos, Santa Catalina se ha dedicado con especialidad a las razas oldemburguesa y bulonesa, a base, la primera, de puros importados de Alemania. Este tipo, según los técnicos, ha dado los mejores resultados en lo que se refiere a aguante, agilidad y presentación en el trote.
De tronco tan ponderativo, se han derivado dos ramas de gran significación, con las siguientes cruzas: 1.º, padre oldemburgués puro y madre 7/8 de carrera, hijas de Briceño y Cagliostro; 2.º, productos de la cruza anterior, como madres, y como padre, oldemburgués puro. He aquí los resultados: la primera cruza da el prototipo del caballo de oficial de ejército. Es decir, el caballo de carrera, más fornido, de cabeza pequeña y remos más cortos, pero más resistentes, buen cuerpo y especialmente pelo parejo y buena silla; aptos para saltos y marchas resistentes. La segunda cruza, da el caballo para oficial de ejército, del arma de artillería liviana, por tener más sangre oldemburguesa. Este producto es especial para trote. De cabeza chica, es elegante y fornido.
En lo que respecta al bulonés (raza francesa), tipo del percherón liviano, el establecimiento dedica constante atención, como medio de conseguir buenos ejemplares, en yeguas para las labores del campo. Las características del bulonés se individualizan por el cuerpo fornido y voluminoso y a la vez presteza en la acción. Son caballos especiales para la agricultura por su férrea complexión y gran consistencia y sirven, al propio tiempo, para tiros pesados y livianos. La cabeza es muy chica, tirando a árabe. Una particularidad especial de este tipo es que no tiene ranilla, condición ventajosa para el aseo y que pone al animal a recaudo de algunas dolencias en los vasos. Hay actualmente cerca de 5.000 yeguarizos en el campo, de ambas clases.
En lo que respecta al ganado lanar, se ha comenzado a cimentar la crianza con carneros Romney Marsch importados, consiguiendo, con varios cruzamientos, un espléndido plantel de ovejas puras de esta raza. Este tipo da lana excelente, es de mucho cuerpo y engorda con facilidad. Según la opinión del señor G., es el verdadero animal para frigorífico. Un borrego de diez meses da fácilmente 35 kilos de carne. Por borrego pelado del mismo tipo, se ha obtenido en venta hasta 17.60 pesos.
La industria lanar es incipiente en el establecimiento. Ocurre lo propio con la crianza de porcinos, destinados al consumo del establecimiento, salvo algún remanente que se ha dado a la venta. El tipo predilecto es Berkshire, cuyos capones de un año han alcanzado precios de 100 pesos cada uno, con un promedio de 220 kilos de peso en pie.
Como un deporte especial que condice con las predilecciones cinegéticas del señor G., la cabaña canina pone su nota original en el establecimiento. Los planteles, no tan numerosos como selectos, abarcan diversas razas, desde los mastines de San Bernardo hasta los ágiles fox-terrier. Descuellan con sus modalidades propias y tipos inconfundibles, los setters, galgos, pointers, belgas, de policía, etc.
Vocabulario
Generatriz. Que engendra, que sirve para engendrar o dar vida.
Salvado. La cáscara gruesa del grano, que queda en la harina después de molido éste.
“Stock yards”. En inglés: patios (yards) de depósito. En los frigoríficos norteamericanos se designa así a lo que nosotros llamamos bretes o corrales. Pronúnciase: stok iárds.
“Chilled”. En inglés: enfriado. Pronúnciase: child.
Coruscante. Brillante.
Emerge. Se alza.
Gama. Gradación de los colores.
Peleche. De “pelechar”: comenzar a salir el pelo o pluma de los animales.
Certámenes. Exposiciones.
Ranilla. La porción del casco o vaso de los caballos, situada en la parte de atrás, entre los dos talones; tiene la forma de una pirámide y es más blanda que el resto del casco. A veces se pudre, ocasionando la caída de todo el casco.
Remanente. Sobrante.