Los campos colonizados de Trenel
Sobre las condiciones agrológicas del terreno, creemos oportuno reproducir el informe oficial del propio ministerio de agricultura, a raíz de un estudio practicado en 1904. “Sin duda alguna—dice el documento—estos terrenos deben su origen a depósitos de aluvión. La capa arable, cuyo depósito crece de día en día, se halla en plena formación, lo que explica el gran porvenir que nosotros atribuímos a estos dominios, desde el punto de vista de la agricultura”. Y refiriéndose a la calidad de las aguas, dice el mismo informe: “La calidad de las aguas es satisfactoria desde el punto de vista de la alimentación del hombre y de los animales, como lo indica desde luego, la media de los análisis efectuados. A pesar de su dureza, esas aguas son perfectamente potables y muy poco cargadas de sales marinas”. En lo que se refiere a fenómenos meteóricos, podemos asegurar que las lluvias en los campos de Trenel se producen con un promedio anual de más de 650 milímetros. La máxima de lluvias por mes ha sido de seis días. El término medio por año oscila alrededor de 33 días lluviosos. Es evidente que con los cultivos se han regularizado las lluvias. El clima de toda la región es templado y agradable. La temperatura máxima absoluta es de 32.8 grados Reaumur en diciembre; la temperatura mínima absoluta es de 3.1 en julio. Los vientos reinantes dominan del este y sudoeste o “pampero”; pero nunca son tan bravíos que impidan el cultivo de la tierra. El terreno es absolutamente llano. Es la pampa idealizada en Buenos Aires, “donde la vista se pierde, sin tener donde posar”. De vez en cuando se produce algún ligero declive que nunca pasa, en su altura mayor, de 40 metros.
Sobre la aptitud productora de las tierras de Trenel, basta decir que los cultivos se han sucedido año a año, en forma extensiva, sin abonos, sin sistemas rotativos, ni tecnificaciones propias de las tierras precarias. Esto demuestra la condición excepcional de la tierra, y por ende, la calidad de las cosechas. Fácil nos es ratificar este aserto con las comprobaciones oficiales. La memoria del Departamento de Economía Rural y Estadística, registra el siguiente cuadro relacionado con el peso específico por hectólitro del cereal cosechado en diferentes zonas del país: “Trigo de la provincia de Buenos Aires, 78.50 kilos; de Santa Fe, 77; de Córdoba, 79.40; de la Pampa, 80”. En la zona de Trenel, los trigos de la cosecha 1907-1908 excedieron en peso específico a las cifras anotadas. Por ejemplo, en la colonia Santa Filomena, situada entre Trenel y Arata, el rendimiento fué de 80|500; en la colonia Itálica, de 81|750; en la colonia Antonio Devoto, de 82|160. Sin embargo, la cosecha siguiente superó en mucho tales densidades, llegando a registrarse pesos de 85|700 por hectólitro, lo que importa un desiderátum. A este trigo le cupo en suerte ser declarado en la exposición del Centenario, el mejor trigo barletta de la Pampa, obteniendo, en consecuencia, primer premio y medalla de oro. En aquel recordado certamen, los trigos de las colonias Trenel, obtuvieron, además, cinco premios primeros por trigos barletta, ruso y húngaro; catorce segundos premios por trigos, linos y cebadas; cinco terceros premios por trigos y avenas y seis menciones honoríficas por trigos en general. No podía pedirse una comprobación más elocuente del éxito de esta importante colonización, cuyo primer quinquenio acababa de cerrarse con la festividad centenaria. Y debió ser una honda satisfacción para sus gestores, cuando el primer magistrado de la nación, doctor Sáenz Peña, en su mensaje de aquel año a las cámaras, al hablar de la Pampa, confirmaba el amplio criterio con que la sociedad Trenel había orientado su acción colonizadora.
“La división y explotación agrícola de esas grandes propiedades de la Pampa—decía el recordado Presidente—requería la concurrencia de algunos de estos factores: a) Propietarios con mucho capital y bastante empuje para dividir sus campos en chacras con las instalaciones indispensables y venderlas barato, a largos plazos, a los colonos y a medida que los medios de transporte permitieran la explotación agrícola; b) Agricultores con suficiente capital para comprar lotes de tierra y para instalar chacras, cultivarlas, etc.
“He aquí extremos difíciles de acercar en las condiciones actuales de nuestra economía rural.
“Muchos propietarios han vendido las haciendas pero son muchos más los que arriendan, por la sencilla razón que son pocos los colonos que pueden comprar desde el primer momento la tierra que explotan.
“Por otra parte, si es tan enorme el capital que se ha necesitado para poner en cultivo esa área en pocos años, ¿qué suma habría alcanzado este capital si el colono hubiera tenido que comprar la tierra? La respuesta es clara: la tierra no se habría cultivado en tales proporciones, porque el colono no dispone de capital; viene aquí para ganarlo con su trabajo. Y es ésta, precisamente, la incomparable ventaja que ofrece nuestro país. El gran factor del avance de la agricultura en la Pampa central, como en otras regiones, es la confianza bien fundada que todos tienen en la prodigalidad de la naturaleza.”
Tales son las manifestaciones presidenciales que encuadran perfectamente dentro del programa de esta colonización. Y es, por cierto, uno de sus principales objetivos, la subdivisión y venta de sus tierras en pequeñas fracciones, de manera de arraigar la población trabajadora, sobre la base de transacciones liberales. De otra manera no se conciben las siete poblaciones florecientes cuyo desarrollo edilicio toma cuerpo día a día, centros vecinales llamados a una creciente prosperidad. Por otra parte, la sociedad destinó oportunamente 70.000 hectáreas para la venta por parcelas y en condiciones de pago ventajosas para los colonos compradores.
La prosperidad agrícola de Trenel ha traído, por consiguiente, exigencias de carácter social. Y a fe que con la urbanización de sus centros poblados, van llenándose paulatinamente. Por lo pronto, las escuelas públicas han concentrado preferentemente la atención de la sociedad. En todos los núcleos de población funcionan establecimientos de enseñanza bajo el patrocinio del Consejo Nacional de Educación. En estas escuelas reciben instrucción más de 800 niños, población escolar que dá idea de notorios progresos. Aparte de este exponente cultural, los pueblos de Ingeniero Luiggi y Trenel han enriquecido su edilidad con sus templos parroquiales de bello estilo y que tonalizan la vida espiritual de la comarca, constituída en su totalidad, por pobladores católicos. Conviene hacer notar que en la masa colonizadora predomina el trabajador italiano, vale decir, el elemento que viene desarrollando con más eficacia sus condiciones de labor en nuestras industrias rurales, sobre todo en agricultura.
Estas son, en concreto, las características más salientes de las colonias de Trenel. El proceso evolutivo, desde que se abrió el primer surco hasta que se convirtió en un mar de mieses la extensa heredad, ha obedecido a un plan metodizado y prudente. Sin embargo, no puede pedirse una mayor celeridad en la transformación. Diez años han bastado para dominar el inmenso baldío, contribuir a la economía nacional con el producto de 120.000 toneladas de cereales anualmente y culminar como modelo, por sus franquicias y su alto espíritu de equidad dentro de los diversos sistemas de nuestra colonización privada. Es decir, que desde sus prolegómenos a la fecha, ha llenado airosamente su programa, propendiendo no solo a valorizar su acervo, si no a vitalizar aquella rica zona del norte pampeano, llevando el ferrocarril, fundando pueblos, abriendo caminos y propendiendo a la vida fácil de la masa trabajadora que siempre encontró su apoyo decidido y franco. Es así como clausura su primer ciclo la sociedad Estancia y Colonias Trenel, bajo la pujante voluntad de su iniciador.
Hemos visitado con detenimiento las diversas poblaciones coloniales. Hemos recorrido las chacras desde Monte Nievas a Ingeniero Luiggi, desde Caleufú a Metileo, cortando en auto los trigales inmensos. ¡Qué maravilla! Pasa noviembre con sus soles bravos y sus mañanas deliciosas. Se pierde la máquina entre las tupidas sementeras. En Monte Nievas visitamos las casas de algunos pobladores, propietarios ya. Cada vivienda denota un amable bienestar. Se prodiga la huerta en frutales y plantas de reparo: durazneros, manzanos, sauces y tamariscos. El corral y la porqueriza, dan idea de previsión y economía, subrayando la nota peculiar del colono de arraigo. En Trenel, vagando a la ventura por los viales angostos, nos detenemos un momento en la vieja estancia, desde donde la South American Land Company Limited dirigió su extendido dominio ganaderil. Involuntariamente se vá al parangón ante aquel vestigio de la Pampa silvestre, arrumbado entre el verde portentoso de la campiña civilizada. Y es entonces cuando la obra de hoy surge destacada en su amplio aspecto cultural y magnífico, y se siente como un hálito vivificador que trae al espíritu su canción augural...
Vocabulario
Aluvión. Amontonamiento de fango, arena, guijarros, substancias grasas de la tierra, etc., provocado por las corrientes de agua.
Quinquenio. Espacio de tiempo correspondiente a cinco años.
Mieses. Los sembrados.
Franquicias. Exenciones y libertades concedidas sobre pago de derechos, etc., tendientes a facilitar los medios de vida, social o personalmente.
Ciclo. Período de tiempo durante el cual se ha desenvuelto por completo una acción determinada.
Pujante. Enérgico, brioso, valiente y decidido.
Viales. Caminos, calles.
Augural. Relacionado con el porvenir.